jueves, septiembre 3

EL OCASO DE OCCIDENTE

En el planeta existimos 8.310.940.134 personas que pensamos, sentimos y existimos para y por algo, no sabemos hasta cuando, pero mientras trabajamos y nos concentramos en descubrir ese para y porque de nuestra existencia. En la vida ocurren muchas cosas buenas y malas fuera de nuestra casa, oficinas o donde nos encontremos o lo que estemos haciendo que puedan ser tareas laborales, académicas, contemplativas o lo que sea nos lleve tiempo, concentración y trabajo.

Entre esas personas citadas se encuentra un famoso escritor español Perez Reverte que llegó a curiosas conclusiones cómo “presenciar el final de Occidente”, no como una predicción catastrófica sin fundamento, sino como un diagnóstico histórico, analítico y casi inevitable del ciclo de las civilizaciones. Su postura no nace del pesimismo o la melancolía, sino de su experiencia como ex corresponsal de guerra durante más de 20 años y su profundo conocimiento de la historia. Este final para él “es un espectáculo muy interesante”. El escritor y antiguo reportero de guerra reflexiona sobre el paso del tiempo, la pérdida de certezas y la transformación de Europa.

El concepto de «Occidente» no es solo una categoría geográfica, sino un espacio cultural, histórico, político y económico. Por eso, un país no se considera occidental únicamente por estar en el hemisferio oeste, sino por compartir una serie de raíces: la herencia grecorromana, el cristianismo, la Ilustración, la democracia liberal, los derechos individuales y el estado de derecho.

El mundo occidental se divide en las siguientes regiones y países:

1. Europa (El núcleo histórico)

Es la cuna del concepto. Incluye prácticamente a todos los países del continente, tanto miembros de la Unión Europea como de fuera de ella:

  • Europa Occidental y Central: España, Francia, Alemania, Italia, Portugal, Reino Unido, Irlanda, Países Bajos, Bélgica, Suiza, Austria, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, entre otros.

  • Europa Oriental y del Sureste: Polonia, República Checa, Hungría, Grecia, Rumanía, los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania) y los países de los Balcanes.

2. América del Norte

  • Estados Unidos y Canadá: Representan el motor económico y militar del bloque occidental geopolítico desde mediados del siglo XX.

3. América Latina (El «Occidente Latino»)

Todos los países de Latinoamérica (como México, Brasil, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Paraguay, entre otros) forman parte de la civilización occidental.

  • Razones: Comparten el idioma (español y portugués), la religión mayoritaria (cristianismo), los sistemas jurídicos de origen romano y un modelo de organización republicana, aunque con trayectorias socioeconómicas y políticas propias.

4. Oceanía

  • Australia y Nueva Zelanda: Aunque están ubicados geográficamente en el Lejano Oriente/Hemiciclo Sur, son cultural, política y económicamente 100% occidentales debido a su colonización e instituciones de origen británico.

Las claves de la decadeencia

Para Pérez-Reverte, las civilizaciones nacen, se consolidan, alcanzan su esplendor, se ablandan y finalmente caen. Occidente (y Europa en particular) habría alcanzado la fase final de ese ciclo. 

El escritor señala que la ciudadanía occidental se ha instalado en un estado de confort y auto condescendencia que la vuelve vulnerable ante el mundo exterior u oriental:

  • Pérdida de conciencia del peligro: Sostiene que Occidente olvidó que el mundo real sigue siendo violento, oscuro e impredecible. Al haber educado a generaciones en la idea de que la paz y la prosperidad están garantizadas para siempre, la sociedad ha perdido los mecanismos de defensa ideológicos y culturales.

  • Rechazo a la educación y a los clásicos: Denuncia la pérdida de la memoria histórica y del rigor educativo. Cuando una sociedad deja de leer a Homero, Virgilio o Cervantes y abandona el pensamiento crítico, pierde el «mapa» que le permite entender hacia dónde se dirige.

Pérez-Reverte no propone ninguna receta, plan político ni solución para «salvar» a Occidente, porque está convencido de que el proceso es irreversible. Desde su perspectiva histórica y fatalista, intentar detener la caída de una civilización que ya ha entrado en su etapa de agotamiento es tan inútil como intentar frenar un temporal en alta mar. Para él, las civilizaciones cumplen un ciclo biológico (nacimiento, esplendor, decadencia y caída) y Occidente simplemente está cumpliendo el suyo.

Determinar el «tiempo de esplendor» de Occidente depende de si se analiza desde una perspectiva política, cultural, económica o filosófica. 

Entre esos periodos podemos destacar;

1. El esplendor cultural y filosófico: La Ilustración y el Siglo XIX (1750–1914)

2. El esplendor geopolítico y económico: La posguerra y el «Siglo Americano» (1945–1990)

3. El ápice de la hegemonía total: El «Fin de la Historia» (1989–2001)

Y el tempo naturalmente continua y lo que hagamos, pensemos o sintamos en nuestro presente influye en el futuro de alguna forma en nuestros hogares, barrios trabajo, aula o nuestros entornos sociales de acuerdo a los objetivos particulares o colectivos, que desde siempre existen y han existido que pueden ser constructivos o destructivos de acuerdo a  la calidad de nuestros espíritus, pensamientos, actitud y comportamientos, cómo vemos en el desempeño de cualquier equipo deportivo en el campeonato, torneo o liga que participen. Sirven no solo para entretenerse en lo que dure el partido, sino sobre todo para ver si se entienden entre ellos para ganar, perder o empatar el partido.  El escritor reconoce que en su juventud tenía muchas certezas y ahora convive con muchas más dudas. 

Ha escrito libros sobre;

Línea de fuego (la Batalla del Ebro en la Guerra Civil Española).

Un día de cólera (el Levantamiento del 2 de Mayo de 1808 en Madrid).

Cabo Trafalgar (la famosa batalla naval de 1805).

Sidi (una aproximación a la figura histórica de El Cid Campeador).

El italiano (las incursiones de buzos de combate durante la Segunda Guerra Mundial).

Una mirada pesimista

Algunos pueden confiar o no en su perspectiva, más notando el comportamiento, “pensamiento” y acción actual de la población del occidente comparándola con el oriente, que se muestra actualmente más despierta, activa y logrando más presencia social, cultural y financiera, tanto que muchos ya están estudiando chino, coreano, japones o cualquier código o forma para lograr comunicarse con su población, cómo ayer era popular el inglés, español o cualquier idioma usado en occidente.

Su pensamiento constituye una predicción científica sobre la desaparición de Europa, sino una interpretación personal sobre el cambio de una civilización y de los valores que la han caracterizado. En declaraciones difundidas recientemente, el escritor relaciona esa transformación con la desaparición progresiva del mundo que conocieron sus padres y sus abuelos. 

Y si no queremos que los logros del occidente desaparezcan, se esfumen nos toca pensar, reflexionar, integrarnos, socializar y trabajar entre nosotros cómo lo hacen los futbolistas o atletas de cualquier deporte colectivo, empleadores con sus empleados, administradores con lo que o quienes administre, docentes o maestros con sus alumnos, padres con sus hijos o el resto de sus parientes para que las familias sean consolidadas y cómo base de la sociedad sirvan para que cualquier gobierno pueda materializar sus objetivos en cualquier país que también puede desaparecer porque sus poblaciones  van emigrando de sus casas o publicando en sus redes descontento con las forma que nuestros políticos administran la cosa publica.