domingo, abril 19

Educación y Trump

La educación se trata de la crianza, enseñanza o doctrina que se da a los niños, jóvenes e interesados en aprender algo en particular. Además es el proceso de socialización y aprendizaje que promueve el desarrollo intelectual y ético de un individuo. Se encuentra activo en el hogar, escuelas, colegios, institutos y universidades. El presidente estadounidense Donald Trump y el concepto de educar parecen no viajar juntos por lo que acaba de ocurrir en los EE.UU y la universidad de Harvard, de donde egresaron importantes personas con ideas y proyectos científicos y sociales de mucha utilidad para el mundo.

Personas que llegaron a presidir países, fueron nobeles en muchos campos de reconocimiento intelectual y no solo de los EE.UU, sino del mundo entero, porque sus puertas no fueron o son exclusivas para el estadounidense sino para el asiatico, africano, sudamericano y de cualquier rincón del planeta si tienen intenciones de aprender y/o educar. 

Aplicando vendettas

Lo que llama la atención ahora es que el Gobierno de Trump prohíbe a Harvard matricular estudiantes internacionales. Lo que marca una referencia del comportamiento y actitud hacia el extranjero de un país lleno de personas de de casi todo el mundo, que han hecho un melting pot o crisol de los EE.UU, o una una olla en la que se funden y mezclan metales u otros materiales para construir herramientas o productos que sirvan para fines o funciones específicas. A la vez supone un duro castigo para la institución de élite por negarse a ceder ante las demandas políticas de la administración del gobierno actual. 

Lo establecido es que “Harvard ya no podrá matricular a estudiantes extranjeros y los estudiantes extranjeros existentes deben transferirse o perder su estatus legal”, dijo el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Harvard es una de las  universidades más antiguas de Estados Unidos y una de las más prestigiosas del país. 

Debemos tener en cuenta también que los estudiantes internacionales representan más de una cuarta parte del alumnado de Harvard en el formato real de educar y aprender. Harvard tiene alrededor de 24,596 estudiantes matriculados, incluidos estudiantes de pregrado y posgrado. De estos, unos 6.793 son estudiantes internacionales. La decisión podría afectar a más de una cuarta parte del alumnado de Harvard, que es mayoritariamente internacional, y que ahora se encuentra sumido en la ansiedad y la confusión tras el anuncio.

Profesores advierten de que un éxodo masivo de estudiantes extranjeros amenaza con sofocar la excelencia académica de la institución, incluso mientras lucha contra la administración por su autonomía ideológica.

La misma que no sirve para acompañar la idea de integrarnos cómo población del mundo en países, organizaciones e instituciones académicas. Y nace del país que una vez ayer abría sus puertas a extranjeros que escapaban de la segunda guerra mundial (1939-1945), de dictaduras o convulsiones políticas, sociales y económicas. Seres humanos cómo el mismo ancestro de Trump que no tenía la misma apariencia, tono de voz, acento o idioma para comunicarse oralmente, pero llegaron cómo pudieron al país del “orgulloso y valiente” para con valentía enfrentar los desafíos y diferencias existentes en este país comparado a lo real en sus países originales. 

Destinos a los que algunos estudiantes que se encontraban volverán o serán reemplazados a otras instituciones para seguir educándose. La Casa Blanca indicó este jueves que “matricular a estudiantes extranjeros es un privilegio, no un derecho” y acusó a la dirección de Harvard de convertir “su otrora gran institución en un semillero de agitadores anti estadounidenses, antisemitas y pro terroristas”.Se viene dura la mano.