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EL CANDIDATO
martes, mayo 11, 2021
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Asunción

Diálogo y acuerdos
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Cualesquiera sean las condiciones bajo las cuales el país salga de la pandemia, es indiscutible que la dirigencia política deberá sentarse a acordar un clima de no beligerancia bajo el cual considerar los caminos de salida de la crisis que se nos está viniendo encima.

Los indicadores macroeconómicos son de hierro: caída del -3% del Producto Interno Bruto, deuda pública de US$ 9.000 millones -equivalente al 100% de las reservas internacionales y al 25% del PIB- desempleo del 12%, dólar a Gs. 6.800, caída del consumo del -20%, contracción del -22% en las exportaciones y -20% de las importaciones a mayo. A estos indicadores duros habrá que agregar más adelante una estimación preliminar del cierre, temporario o definitivo, de miles de micro, pequeñas y medianas empresas, en especial las dedicadas a los servicios, la gastronomía y el entretenimiento. Y aún ni se habló del volumen de créditos impagos y de la morosidad
resultante.

Sólo con describirlo, el panorama es abrumador e inquietante. El abordaje de las fórmulas para enfrentar la crisis requerirá valores que la clase política ha demostrado hasta el hartazgo no poseer: madurez, equilibrio, tolerancia y apertura al diálogo, al consenso y a los acuerdos necesarios para garantizar un margen mínimo de viabilidad a los planes de salida de este monumental desafío económico, social y, sobre todo, político.

Ya no hay margen para patear hacia adelante las reformas requeridas hace por lo menos tres décadas. Del actual paquidermo carcomido por la corrupción y la ineficiencia deberá emerger un Estado ágil, eficiente, austero y acorde con los requerimientos del siglo XXI, la era de la información, la comunicación y la innovación. La costra parasitaria que lo envuelve y lo sofoca hasta hoy día tendrá que ser raspada como una inmunda exudación cristalizada que durante décadas ha estado succionando sus líquidos vitales para instilarlos a los tumores malignos del privilegio. Si la clase política no acuerda este paso trascendente, nada de lo que haga tendrá efecto alguno y la República seguirá rehén de esta anomalía evolutivo-burocrática que aparenta ser un Estado.

Algunas veces, los grandes cambios suceden a grandes tragedias. Si un país paralizado, con miles de infectados, decenas de muertos, hospitales desbordados y sumido en la crisis no es una tragedia… que Dios nos ampare.

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