Sabemos que el pasado suele tener esos recuerdos que pesan más de lo que aportan
para bien. Tal vez en algún momento llegaron a servir para crecer, pero aferrarnos a
ellos podría resultar un obstáculo para avanzar. Vivir anclados a ellos solo nos nubla el
presente y elimina las nuevas oportunidades que el presente suele ofrecernos de
alguna forma. Es útil recordar que hay recuerdos que deben ser olvidados.
El decir adiós no siempre es fácil, más si lo que se quiere es solo otorgar a tal
momento su lugar exacto en la mente. Simplemente, uno debe de entender de que,
aunque en algún momento fuimos quizá todo eso en esencia, no tendría por qué
condicionar nuestro mañana. Saber soltar lastres es el primer paso para continuar
escribiendo buenos momentos.
Esta clase de adiós no es más que un saludo sincero a la oportunidad de seguir
creciendo como ciudadanos. Aceptar la posibilidad de cambiar y todo lo que eso
podría involucrar, se convierte en una gran muestra de fortaleza personal. Al cortar con
ciertas amarras, somos capaces de descubrir versiones de nosotros que quizá ni
esperábamos, quizá una más resiliente y auténtica forma de encarar la vida.
Al saber cerrar ciclos por el bien de nuestro crecimiento personal, ganamos espacio
para nuevos objetivos, relaciones y propósitos. El mirar hacia adelante es lo único que
nos queda si es que de verdad queremos darle sentido a todo el camino recorrido. El
decir adiós al ayer es, prácticamente, una suerte de darnos la bienvenida más
importante que nos podemos regalar a nosotros mismos, una hacia la paz.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
