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Editorial

De Eva Perón a Diego Maradona

El 26 de julio de 1952, la vida de Eva Duarte de Perón se apagó como epilogo de una larguísima lucha contra el cáncer. A las 8.25 de la noche el jefe de prensa de la Casa Rosada anunciaba el “tránsito a la inmortalidad” de la que fuera “jefa espiritual de la nación”. El cuerpo de Evita, como la nombraban sus seguidores, fue embalsamado y exhibido en el Ministerio de Trabajo que ella había ejercido durante años. El velatorio arrancó el 27 de julio y continuó ininterrumpidamente hasta el 8 de agosto siguiente. Diariamente, desfilaron ante el féretro con tapa de vidrio unas 65.000 personas. Muchas mujeres se aferraban al catafalco y no pocas se desmayaron. Afuera, en la Plaza de Mayo, una multitud de dos millones de argentinos mantenía una guardia permanente, pese a la lluvia y al frío. Perón no salía de su asombro: “No imaginé que la querrían tanto” balbuceaba. En una sala contigua a la habitación en la que la compañera de Perón había vivido sus últimos días, se alineaban centenares de objetos que la gente había ido llevando al lecho de la moribunda, en su mayor parte, amuletos, agua bendita y todo tipo de objetos llegaban a diario a la residencia. Cuando murió, Eva Perón tenía 33 años y pesaba 37 kilos. “Así comenzó –cita el historiador Joseph Page- lo que un escritor antiperonista llamó ‘una bacanal de necrofilia’ pero que no fue sino una expresión de inocultable pena”.

El 26 de noviembre de 2020, a las 13.45, muere Diego Armando Maradona. Tenía 60 años y se lo llevó un paro cardio respiratorio, apenas un rótulo para las verdaderas causas de su muerte que vendrán más tarde. Gloria, decadencia, caída, vuelta a levantarse y a caer una vez más. Nada de esto opaca su descomunal figura y la idolatría que desataba a su paso. Como a Eva Perón, centenares de miles esperaron turno en la Plaza de Mayo para desfilar ante su féretro instalado en la Casa Rosada. Pero cuando se enteraron que el astro sería llevado a su morada definitiva, empezó el descontrol. Corridas, empujones, gases lacrimógenos, disparos de balas de goma y maldiciones varias. Nada pudo parar a la muchedumbre en su cita con el ídolo.

Sesenta y ocho años separan a ambos hechos. Casi no hay diferencia entre ambos. Son dos caras de una misma moneda, marcadas por una idolatría más allá de toda explicación racional.

Cosas que suceden, y punto.

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Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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