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Editorial

Cretinos, inconscientes y suicidas

Conducta antisocial de las hordas de la madrugada

Necesariamente, tenemos que ocuparnos una vez más del tema pandemia, esta vez, desde el lado de las hordas de cretinos, inconscientes y suicidas que no parecen concebir la vida si no es bebiendo como cosacos y comportándose como una verdadera piara de cerdos. Tendrán que disculparnos este lenguaje descarnado, pero no caben otros calificativos para el espectáculo lastimoso, antisocial y cavernario de quienes se juntan a “celebrar” rompiendo todas las reglas básicas instauradas para controlar la pandemia que aún está entre nosotros.

Las crónicas de la madrugada son de un patetismo impresionante. Gente amontonada, sin tapabocas, bebiendo en total descontrol, insultando a la policía que comete la imprudencia de intentar poner un poco de orden y hasta siendo escupida por energúmenos que debieran estar presos ya que en plena pandemia, un escupitajo equivale casi a una condena sin apelación al contagio del COVID.

Que un montón de inconscientes se arremoline para celebrar a lo bestia algo no sería del todo grave si no fuera porque en su accionar pueden alcanzar a terceros que por obligación –trabajo, atención de lugares nocturnos, guardias de seguridad o policías- deben estar en cercanía de semejantes antisociales.

Estas cáfilas de idiotas que pululan por la ciudad en horas de la madrugada lo infectan todo, poniendo un factor de riesgo inminente sobre una comunidad que en su mayoría se comporta con sensatez, observando las medidas de prevención recomendadas por las autoridades sanitarias a las que deberemos ir adaptándonos en lo sucesivo. Porque el virus se va a quedar mucho tiempo.

¿Qué se recomienda, cuando de salidas sociales se trata? Pensar muy bien a dónde vamos, si es un lugar abierto o cerrado, cuánta gente puede haber en el sitio y qué distancia separa a las mesas que ocuparemos. Y finalmente, cuánto tiempo vamos a estar en ese lugar y cómo vamos a utilizar el tapabocas a la hora de comer o tomar alguna bebida.

Esto es lo que hace la gente sensata, que sabe que al cuidarse a sí misma, cuida también a quienes están a su lado y en suma a todos los concurrentes al espacio público del que se trate, en especial restaurantes, bares y cafeterías.

Los cretinos, los inconscientes y los suicidas hacen todo lo contrario. Así que lo mejor es evitarlos, como a la mismísima peste negra.

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