Se supone que, en estos días gracias a tanta tecnología avanzada al alcance de
nuestras manos, acceder a la información que queramos es de las tareas más
sencillas. Se supone que los comunicadores deben en lo posible, mostrarse
imparciales y objetivos, al igual que los jueces que supervisan el partido de algún
deporte. Presentando los hechos de forma precisa sin mostrar preferencias por alguna
de los bandos involucrados.
En teoría, la imparcialidad es un principio básico del periodismo, especialmente sirve
muchas veces para mantener la credibilidad. A pesar de eso, en la práctica, sabemos
muy bien que puede resultar muy difícil de mantener algo como la imparcialidad, más
en los tiempos tan polarizados que nos toca vivir, en donde tratar con temas complejos
en el día a día es lo común y corriente. Los periodistas, los políticos y el pueblo, tienen
sus propias creencias, influenciados por sus propias experiencias.
Gracias al apogeo de las redes sociales, cada día es más notorio la confirmación de
sesgos ideológicos, políticos y culturales. En lugar de enfocarnos en la verdad, nos
limitamos a buscar y aceptar informaciones, datos u opiniones que solo resulten
beneficiosos a nuestras creencias e intereses. Esto solo nos lleva a una visión alterada
de la realidad y podría resultar perjudicial a la hora de tomar ciertas decisiones, al solo
aceptar un fragmento de la verdad.
Sin duda, es un asunto complejo que nos priva de evaluar otros puntos de vista y
alternativas de manera profesional. Nos olvidamos por completo de corroborar los
hechos y solo buscamos confirmar nuestras creencias. Dicho esto, ¿cómo podemos
evitar el guiarnos por nuestros sesgos ideológicos? Primero que nada, debemos estar
dispuestos a considerar otras perspectivas, luego no debemos tener miedo o prejuicios
en fijarnos en fuentes de información distintas que resulten confiables.
Es importante reconocer que todos estamos sujetos a los sesgos políticos y no es algo
negativo necesariamente, pero si resulta dañino al nublarnos la visión de otros
aspectos que pueden ser igual o más importantes que solo estar satisfechos con
nuestras ideas. Hay que estar abiertos a evaluar críticamente toda información y
reconocer nuestros propios sesgos para evitar caer en sensacionalismos innecesarios,
separar los hechos de las opiniones de manera clara y buscar la verdad con
honestidad.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares

