Un vuelo perdido y dos cigarrillos
Era una mañana de domingo lluviosa en Madrid cuando en un taxi conducido por una mujer, emprendí camino rumbo a Barajas. Intentaba hacerle conversación a mi conductora para que el viaje se vuelva más ameno, pero sus respuestas monosilábicas me indicaban que no estaba muy cómoda en intercambiar palabras. Deduzco que entre el cubrebocas y el plástico de protección que nos separaba dificultaba aún más la interacción.
Llegué al aeropuerto con suficiente tiempo como para no apurar el proceso y tuviera un espacio para comprar unas revistas en el duty free. Entrego mi pasaporte e indico mi número de reserva al empleado de la aerolínea, éste de inmediato me dice “Usted no puede volar el día de hoy”, “¿no puedo volar?, ¿de qué me está hablando?”. Mi corazón empieza a palpitar. “Su itinerario inc...