viernes, abril 24

Brevedad de la humanidad / Félix Martín Giménez Barrios

Puede resultar algo chocante el admitirlo, pero nuestra historia como civilización en
este universo, es apenas un parpadeo en la inmensidad del tiempo cósmico. La
especie humana con apenas unos miles de años de desarrollo no es nada frente a los
13800 millones de años desde el inicio del Big Bang. Solo somos unos recién llegados
a un escenario en donde ya han nacido y muerto miles de planetas, estrellas y
galaxias que quizá contenían otras formas de vida.

Es hasta obvio que incluso nuestros mayores monumentos podrían desaparecer, sin
dejar rastro alguno en determinado tiempo. Que no quede ninguna prueba de nuestra
existencia es sin duda una píldora difícil de digerir. Capaz que civilizaciones enteras
hayan desaparecido sin dejar huellas. Tal vez todas las civilizaciones estén
condenadas a la extinción antes de poder contactar con otra. Muy probablemente el
universo esté lleno de ruinas, no de estructuras habitadas.

Según el cálculo de expertos astrónomos, el sol engullirá a la tierra en unos 5000
millones de años. ¿Qué quedará de la humanidad en ese entonces? La arrogancia de
creernos eternos choca con el hecho de que el universo es indiferente a nuestra
existencia. Aun así, nuestra brevedad no debe verse únicamente con pesimismo. En
nuestra corta historia, hemos desarrollado arte, ciencia, filosofía y varias culturas.
Estos logros pequeños en escala cósmica son grandes en cuanto a valor humano.

Algunos científicos sugieren que, si no ocurre el desastre de nuestra autodestrucción,
podríamos colonizar otros planetas y lunas, incluso crear avanzadas inteligencias
artificiales que resistan más que nuestra biología. No obstante, siempre seguiremos
siendo solo una gota en lo que es el océano de la historia del universo. La verdadera
gloria de la humanidad no está en la eternidad, sino en lo que hacemos con el tiempo
que se nos es dado.

Al final, el universo no nos debe nada, pero nosotros podríamos darle significado.
Nuestra fugaz existencia como especie en este rincón del cosmos, debería
impulsarnos a dejar una huella digna, no solo en la tierra, sino quizás algún día, más
allá de las estrellas que galopan en las infinitas tinieblas. Después de todo, como dijo
el astrónomo Carl Sagan, “somos polvo de estrellas que piensa acerca de las
estrellas”. En otras palabras, somos el universo observándose a sí mismo.