viernes, mayo 1

3×3 (12/09/25)

POR BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO

DURO CASTIGO A LOS GOLPISTAS BRASILEÑOS

El Supremo Tribunal Brasileño falló de manera clara y terminante contra Bolsonaro y sus aliados que intentaron impedir el gobierno de Lula en el Brasil y que terminaron invadiendo recintos gubernamentales y destrozándolos con una turba que tenía por objetivo también movilizar a los militares para que estos protagonizaran un golpe de Estado. Los brasileños aprendieron la lección y este tipo de situaciones son
drásticamente sancionadas por la justicia de esa nación, que no se amilana a ningún tipo de presión interna ni externa.

Lo que Brasil ha mostrado en el día de ayer es que la justicia, cuando tiene independencia y autonomía, funciona como se debe y no le tiembla el pulso a la hora de sancionar a aquellos que cometieron excesos en contra del Estado de Derecho y que buscaron a través de acciones violentas acabar con la democracia de ese país. Brasil ha vivido, como gran parte de América Latina, periodos autoritarios y militares durante mucho tiempo y no están dispuestos a retornar para nada a algo que se le parezca. La decisión en contra de Bolsonaro también marca un parteaguas en el debate en torno a cuáles son las posiciones que deberían enarbolar los grupos políticos cuando se trata del debate político en democracia y
a qué deberían atenerse en términos de consecuencia cuando se apartan de ello. La dura sanción de 27 años y tres meses de pena carcelaria para Jair Mesías Bolsonaro termina acabando un proceso importante en la historia política del Brasil y envía un poderoso mensaje hacia el mundo.


LA SALUD SIGUE ENFERMA

Seguimos los paraguayos sin lograr acertar cómo resolver el problema sanitario. Cada día estamos con una situación más caótica porque hay una muy mala organización de los recursos, se roba demasiado y no existen los controles que tendrían que existir en todo
el proceso de atención sanitaria. No es suficiente con que se inauguren nuevos hospitales, hay que dotarlos de recursos, hay que pagar mejor al personal de blanco, hay que establecer mecanismos que realmente permitan que el servicio sanitario llegue a todos.
Esto es una cuestión simplemente de voluntad y de deseos de llevar adelante aquello que esta sociedad anhela.

Pero para eso tiene que existir una verdadera convicción de que la salud es importante. Mientras estemos dando pasos como los actuales, vamos a seguir demostrando que no lo es. Que la salud tiene que ser la prioridad, dicen todos los políticos, como cuando se llenan
la boca con la palabra educación. Pero no terminan nunca de llevar adelante los propósitos nobles que tendrían que inspirar la acción del bien común orientado hacia la educación, hacia la salud. Ahora estamos viendo de nuevo los mismos problemas, el mismo nepotismo, las mismas cuestiones de medicamentos que no llegan pero se pagan por ello cifras superiores a las del mercado y, por supuesto, mucho dinero robado en prácticamente toda la operación de salud en este país. La salud siempre convaleciente y el robo que sigue matando al país.


EL TRANSPORTE NO ARRANCA

El sistema de transporte público sigue esperando una oportunidad. Se ha propuesto la aprobación de la nueva ley que propuso el Ejecutivo al Congreso porque existen muchas cuestiones que demuestran que no pareciera que existiera la verdadera vocación de resolver este problema para la gente, que en muchos casos pierde hasta cuatro horas diarias en el traslado de ida y vuelta de la casa al trabajo y a la casa.

Esto realmente es un tiempo perdido acumulado que significa muchos problemas, incluidos el de la inseguridad que campea mientras la gente va buscando alguna alternativa en un transporte público. Si no lo tiene, le queda solo el chileré y la cantidad de motocicletas que
también generan severos problemas no solo en el tránsito, sino en la seguridad que ha tenido ejemplos muy claros con la multiplicación de casos de accidentes y el costo que eso presupone su atención en el centro de emergencias médicas o en la recuperación de las personas afectadas si no llegan a fallecer. Todo esto nos demuestra que hay que mirar con verdadera voluntad resolver el problema y, para eso, hay que volver a insistir con elementos de movilidad masivos como el tranvía y los trenes de cercanías.

Esa es la alternativa de solución que tenemos y no estamos pensando en echar mano a las mismas soluciones que otros países ya aplicaron. Todo esto nos demuestra que nos falta vocación, voluntad, convicción y coraje para ir en contra de la mafia del transporte
público, de la que participa como una alianza público-privada el Estado paraguayo.