POR: BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO
UNA PALIZA QUE RETUMBA
Catastrófica derrota del Partido Colorado en las elecciones de Ciudad del Este, que deben dejar varias lecciones para aprender a este gobierno que está entrando en sus dos años y medio finales. Por un lado, la percepción clara de los esteños es que la persecución contra Prieto no tenía otro objetivo más que político, y no jurídico ni legal.
Los esteños que fueron convocados por Prieto para estas elecciones —ya que no renunció al cargo— le dieron la razón en el día de ayer con 40 puntos de diferencia entre Mujica y González Vaezken. Fue la diferencia de votos más grande que recuerde la historia democrática paraguaya. En todos los comicios en que el Partido Colorado plebiscitó un candidato, nunca antes había perdido por un margen tan grande como 40 puntos.
Le dobló los votos, y no solamente le demostró con eso que las figuras que podrían utilizar como elemento divisorio —en el caso del payaso Kelembú— no funcionaron esta vez. También es un voto duro contra Peña, contra Cartes, contra el poder del dinero de Itaipú, que se confabularon durante todo este tiempo para buscar recuperar una tendencia icónica en el país. De paso, le han hecho una tremenda promoción y proyección a
Prieto, que lo ha convertido en un personaje de la oposición nacional, no solo regional.
Ciertamente, lo que tendrían que hacer los colorados es entender que se acabó el clan Zacarías, se acabó la utilización de la justicia con propósitos políticos bastardos, se acabó la cuestión de decir que el pueblo paraguayo nunca puede mirar muy lejos y mucho tiempo por el dinero. Sin embargo, ayer fueron derrotados el dinero y la soberbia.
UNAS MUNICIPALES UNIDAS
Las democracias convocan cada cierto tiempo a que la sociedad pueda mirar a su interior en torno a las cosas que le gustan o que le disgustan. Los comicios, en ese sentido, en varios países de renovación del Congreso en mitad de mandato, se realizan con dicho propósito.
En el Paraguay no tenemos esa oportunidad y nos queda solo la cuestión de las elecciones municipales, que están puestas más o menos a mitad de mandato de un presidente.
Son en total varias, doscientas y tantas municipalidades que van a ir a elecciones el próximo año. Lo que aconteció en Ciudad del Este es un envión bastante grande para aquellos que decían que las cosas no se pueden cambiar en un país ultraconservador como el nuestro.
También para otros que decían que frente al dinero no se puede, porque este país es un pueblo pobre y se vende. Sin embargo, hay mucho por hacer, mucho por trabajar en buenas candidaturas, en remover y promocionar realmente las ideas que hagan que la gente viva mejor. La democracia da oportunidades, y las elecciones municipales próximas constituyen una de ellas, en donde tendremos la ocasión de ver cuánto ha madurado el electorado paraguayo y cuánto decide votar con “b” corta o votar con “v” larga en torno a personajes, partidos y candidaturas.
Una gran prueba para el electorado paraguayo. Ha pasado la primera en la capital del Alto Paraná.
NÚMEROS FALSOS EN LA ECONOMÍA
La gente no vive bien en el Paraguay y los políticos se encargan de hacernos creer que no es así, de que los números son fabulosos en términos de la descripción del déficit fiscal, tratando de acercarse a 1,5. Estamos en 1,9, dicen desde el Ministerio de Hacienda. Pero si se suma la cantidad de acreencias que tiene el Estado con vialeras, con empresas farmacéuticas, con PDVSA, con el desarreglo enorme de las cuentas públicas, en realidad tenemos un déficit del 4%, muy lejos de lo que cada cierto tiempo el Fondo Monetario, previas palmaditas en la espalda de nuestros economistas gobernantes, les suele dar.
Lo que vemos es que realmente va a llegar un momento en que ellos también estarán diciendo que las veces que fueron a Paraguay y los felicitaron, en realidad lo hacían por la única razón de que todavía les pagaban sus acreencias.
Lógico, no les importaba si ellos pagaban o no sus acreencias con farmacéuticas o vialeras. Eso era un problema de los paraguayos, que no teníamos por qué contarles. En definitiva, la economía anda por los suelos, los precios de los alimentos por los cielos y, lógicamente, el enojo de la gente sube en directa proporción al ñembotavy del gobierno.