miércoles, julio 1

VIOLENCIA, FÚTBOL Y CONVIVENCIA EN EL MUNDO

México es un país norteamericano de aproximadamente 1.9 millones de kilómetros cuadrados, cuenta con una población de 131,74 millones de personas; niños, jóvenes, adultos y personas de edad con gustos y formas de pensar y sentir particulares, tienen su religión, tendencia política, género y club de fútbol, deporte que se practica en este país desde finales del siglo XIX. Eso no ha sido igual siempre, con el tiempo evolucionó o involucionó de acuerdo al ángulo que se evalúe que tiene muchos que no se limitan a lo que pase en el gramado, lo que hacen, dicen o lucen los atletas. El fútbol no empieza ni termina en las canchas sino también se desarrolla fuera de las mismas con el comercio de indumentarias accesorios o lo que sea alegórico del equipo de fútbol, incluso con la apertura de escuelas de futbol para preparar a la nueva generación de atletas que buscan llegar a jugar a importantes equipos que se encuentren en la primera división. 

Nivel al que muchos equipos trabajan para llegar en el mundo. Uno en el que recientes publicaciones en la televisión dicen que, si el fútbol tendría un idioma, el mismo se hablaría en todo el mundo, planeta que puede usar este deporte para construir puentes que conecten a los aficionados y no nos separen por un “trapo”, que por el símbolo de cualquier agrupación nos ofendemos, agredimos o destruimos nuestros entornos. 

Ejemplos desafortunados

Desafortunadamente la violencia que es la acción y efecto de violentar o violentarse, lastimar física o psicológicamente a cualquiera o deshacer lo que nos rodea. Y es algo visto, escuchado y sentido habitualmente durante o al terminar un partido de fútbol en el mundo y no solo en el país norteamericano sino en el planeta que ahora tiene el torneo de la disciplina que se practica en varias canchas oficiales, en los barrios o donde exista un espacio, personas o lo que se parezca a un esférico.

La violencia en el fútbol mexicano es una problemática compleja y persistente que abarca desde tensiones culturales y estructurales dentro del país hasta fallas severas en la logística de seguridad de los recintos deportivos. Aunque el fútbol se percibe tradicionalmente como un espacio de esparcimiento familiar, la evolución de ciertos grupos de animación organizados (conocidos localmente como «barras») ha mimetizado conductas violentas observadas en otras latitudes de América Latina y Europa.  

El rendimiento de la selección mexicana en la Copa del Mundo de la FIFA combina una notable regularidad para clasificar y competir con una barrera histórica para trascender a las rondas finales. México es una de las selecciones con más participaciones en la historia del torneo, posicionándose firmemente justo por detrás de potencias tradicionales como Brasil, Alemania, Italia y Argentina. 

Ayer 30 de junio México se enfrentó a Ecuador al que derrotó por 2 a 0 continuado a octavos de final del torneo de fútbol más importante que existe en la historia y nuestro planeta. El mismo que desde 1930 tiene con vida a la copa del mundo, que ya tuvo a México cómo sede en dos ocasiones; 1970 y 1986, tiempo en el que imaginó que el fútbol no era lo mismo que se ha convertido hoy día en nuestro planeta con 48 selecciones compitiendo en un gran negocio global.

Lugares en los que sí se juegan el popular balompié imagino que lo último que quieren es atender a lesionados dentro o fuera del escenario de los partidos,, limpiar u ordenar lo desordenado por la “hinchada”, que dejan hinchados no solo rostros o cuerpos de otras personas que asistieron al “teatro” del espectáculo deportivo, que debe inspirar también a tener paz, calma y orden,  lo que establecen las normas de la FIFA por los árbitros que controlan regulan el comportamiento y ritmo de los enfrentamientos que se den en cualquier liga o torneo del planeta. 

Nuestro único hogar en el universo, que debemos atender, limpiar y ordenar siempre cómo lo hacemos en nuestras casas, oficinas, aulas o cualquier espacio habitado por personas, animales o cualquier ser vivo, que al estar con energías las debe canalizar no necesariamente perjudicando nada o a nadie sino haciendo construyendo cosas que sirvan para la salud y comodidad de cualquier comunidad del mundo. Convivir juntos debe ser el mejor legado del deporte al mundo y sus habitantes