viernes, septiembre 25

UN NIÑO PELIGROSO

No se trata de niños reales groseros, violentos o descontrolados que puedan perjudicar a cualquiera sino se trata del fenómeno climático “el niño”. Cuyo nombre tiene distintos orígenes cómo;

La observación de los pescadores: A finales del siglo XIX, los pescadores del puerto de Paita, en Perú, notaron que casi todos los años, hacia finales de diciembre, aparecía una corriente de agua marina más cálida de lo habitual que desplazaba a las aguas frías de la corriente de Humboldt.

La coincidencia con la Navidad: Como este calentamiento de las aguas alcanzaba su punto máximo a fines de diciembre, los pescadores bautizaron a esta corriente cálida como «La corriente del Niño», en alusión directa al Niño Jesús.

De evento local a fenómeno global. 

Originalmente, los pobladores locales usaban el término para describir un evento anual leve que traía abundancia de ciertas especies marinas tropicales. Sin embargo, con el tiempo, los científicos advirtieron que cada cierto número de años este calentamiento era extraordinariamente fuerte y alteraba el clima de todo el planeta. Se conservó entonces el nombre «El Niño» para designar la fase cálida del ciclo climático conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur).

Sus tiempos son;

  • Formación (Mayo – Julio): Los vientos alisios que soplan del este al oeste en el Pacífico ecuatorial comienzan a debilitarse. Esto permite que las aguas cálidas acumuladas en el Pacífico occidental avancen hacia las costas de Sudamérica.
  • Consolidación (Agosto – Octubre): Las anomalías de temperatura en la superficie del océano se intensifican y la atmósfera comienza a responder al calentamiento marino.
  • Pico máximo (Noviembre – Febrero): El fenómeno alcanza su máxima intensidad durante el verano del hemisferio sur (e invierno del hemisferio norte). Es justamente en esta fase (alrededor de diciembre) cuando coincide con las fechas navideñas que le dieron su nombre histórico.

Sus efectos son;

Precipitaciones intensas e inundaciones: En el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y el noreste de Argentina, así como en las costas de Perú y Ecuador, El Niño suele provocar lluvias muy superiores a lo normal. Esto deriva en crecidas de ríos, inundaciones urbanas y rurales, y desbordes.

Impacto en la pesca: El calentamiento de las aguas en las costas sudamericanas desplaza la corriente fría de Humboldt. Esto aleja especies comerciales clave de aguas frías (como la anchoveta), afectando gravemente a la industria pesquera.

Sequías en el norte: En contraposición, la región amazónica y zonas del norte de Sudamérica (como Colombia y Venezuela) suelen experimentar periodos secos o sequías severas.

Graves impactos

Centroamérica y el Caribe: Tiende a provocar sequías y un déficit importante de lluvias, afectando el suministro de agua y la agricultura local.

Estados Unidos: Provoca inviernos más húmedos y fríos en el sur del país, mientras que el norte suele experimentar inviernos más cálidos de lo habitual.

Huracanes: Reduce la actividad de huracanes en el océano Atlántico (debido a vientos cortantes en la alta atmósfera), pero incrementa la actividad de ciclones tropicales en el océano Pacífico central y oriental.

Lo más preocupante es que se estima que el fenómeno podría provocar más de 451.000 muertes adicionales en todo el mundo debido a las olas de calor intensas de cara a finales de año y los primeros meses de cuando nos visite ese peligroso niño. Que es una muestra que el clima tiene vida y de esta forma responde a los abusos que hacemos los habitantes del planeta con la excesiva polución y sobrecalentamiento de nuestro hogar. 

Y los futuros sucesos deben servir cómo llamada de atención a lo que hacemos y cómo vivimos en nuestro planeta, y debemos verlo o compararlo cómo nuestras casas son cómodas si están limpias y ordenadas para que los que vivamos en la misma nos encontremos placenteros en el único planeta de la galaxia que reúne las condiciones exactas para que exista vida.