jueves, junio 11

TRASTORNOS MENTALES LLAMATIVOS

La mente es el conjunto de facultades cognitivas que emergen del cerebro y que nos permiten percibir, pensar, sentir, recordar, desear y tomar decisiones. Si el cerebro es el hardware (la estructura física de neuronas y sinapsis), la mente es el software (los procesos, pensamientos y experiencias que corren en él). 

Sin embargo, esta metáfora se queda corta porque la mente también modifica al cerebro físico, que puede tener trastornos, dolores o angustias de acuerdo a cómo seamos con el mismo o nos toque experimentar alguna vez en nuestras vidas, porque todos en el planeta somos vulnerables a lo que sea 24/7 los 365 días del año ¿Sabe Ud. lo que es el trastorno límite de la personalidad? Al hablar de las relaciones inestables, impulsividad descontrolada y una identidad inestable, nos referimos a este trastorno. Estos rasgos característicos de este trastorno de salud mental a menudo son mal interpretados. Es importante no sólo identificarlos sino saber que se trata de un trastorno mental, que cualquier ser humano con mente en el mundo puede padecer. 

Para entender por qué se llama «límite», hay que viajar a una época en la que la psicología dividía los problemas de la mente en dos grandes continentes: las neurosis y las psicosis. La neurosis es un trastorno psicológico que involucra una variedad de síntomas emocionales y comportamentales, afectando el bienestar de quienes lo padecen. Y se entiende por psicosis al conjunto de alteraciones mentales que generan en quien las padece una alteración en la percepción de la realidad, perdiendo contacto con ésta y provocando dificultades severas en el funcionamiento de la percepción, pensamiento y conducta.

El origen de todo

Para entender lo que produce un trastorno debemos tener en cuenta la metáfora de que la genética llena parte del vaso, las vivencias de la infancia lo llenan otro poco, y un evento estresante en la vida adulta es la gota que lo hace desbordar. 

Para interactuar de manera constructiva, podemos guiarnos por ciertas actitudes fundamentales, inspiradas en la psicología clínica y la filosofía del cuidado:

1. Validar en lugar de minimizar

Evitá las frases hechas que buscan «animar» pero que terminan invalidando el dolor de la persona (como el famoso «poné de tu parte», «hay gente que está peor» o «es todo mental»).

  • Qué hacer: Reconoce su sufrimiento como algo real y legítimo, aunque a vos te cueste comprenderlo desde afuera. Decir algo tan simple como: «Veo que la estás pasando muy mal y lamento mucho que te sientas así, estoy acá para escucharte» tiene un valor terapéutico enorme.

2. Escuchar activamente (sin apuro por «solucionar»)

Cuando queremos a alguien, nuestro primer impulso es intentar arreglar el problema o dar consejos rápidos. Sin embargo, un trastorno mental no es un dilema lógico que se resuelve con un consejo cotidiano.

  • Qué hacer: Ofrece un espacio seguro donde la persona pueda hablar sin sentirse juzgada o analizada. A veces, la mejor ayuda no es un discurso, sino el silencio respetuoso y la compañía física en lo posible, y más hoy día en que la compañía se limita a ser virtual o aparente. 

Todas estas formas de control y conocimiento nos ayudan a lidiar con estas cuestiones que tando daño nos hacen y pueden causar además en nuestros entornos.