Sismos en Camelot
El espectáculo ofrecido hoy por la política norteamericana inclinaría a pensar que tanto el sistema electoral como las instituciones democráticas del “gran país del norte” enfrentan un fantasma sin precedentes, la desintegración. Pero por grotesca que luzca la figura de un Donald Trump aferrado a la Casa Blanca y decidido a desconocer su derrota, justo es recordar que no es la primera vez que la controversia marca la impronta de una transición presidencial.
En 1960 EE.UU. debió elegir entre John Kennedy, el joven demócrata desbordante de glamur, y un Richard Nixon más fogueado en las lides de la política, de figura gris y poco atractiva para el marketing electoral. Los resultados de las urnas se parecieron, volumen de votos de por medio, a los de hoy. Kennedy recibió 34.220.984 sufragio...