lunes, mayo 4

Stronismo y vileza, miserable pareja

Hablamos de la necesidad de realizar el Juicio y Castigo a saqueadores y torturadores de aquel atroz periodo de tiranía stronista. Saqueadores y torturadores que siguen libres e impunes por nuestras calles, y que siguen ocupando posiciones de poder en el Estado. De hecho, Mario Abdo, el Presidente del fraude, es poseedor de por lo me­nos unas 3mil hectáreas mal habidas, o sea, sin ser sujeto de la Reforma Agraria. En su informe, la Comisión de Verdad y Justicia identificó 7.851.295 hectáreas de tierras malhabidas, usurpadas por personeros y amigos de la tiranía stronista.

Paraguay tiene 406.752 km2, y existen títulos por más de 520mil km2. Un país de dos pisos con un Estado defensor de esa enorme corrupción, y sin intenciones de resolver garantías de vida digna para millones de compatriotas que se debaten entre el hambre y la extrema pobreza, sin oportunidades laborales o “changando” para sobrevivir, situación que se refleja en el siguiente dato: 71% de la Población Económi­camente Activa tiene trabajo informal, sin seguridad social, ni estabilidad laboral ni ningún beneficio que le corresponda. Trabajo sin empleo.

Una parte de esos millones de paraguayos y paraguayas, son quienes –anteayer nomás- fueron desalojados de los terrenos que ocupan en Luque para sobrevivir y resolver su día a día. El gobierno, que es representante de intereses mafiosos y se ubica como la síntesis de la narcopolítica, ha resuelto levantar el protocolo para los desalojos y endurecer su política de “recuperación” de tierras para usurparlas al ser­vicio de intereses mezquinos, propios de parásitos vendepatria, que es lo que son.

En abierta violación al principio de legalidad, siguen con su política de criminali­zación de la protesta social y la disidencia política, penalizando las disputas por la tierra y la vivienda, cuando que dichas disputas, según la legalidad vigente, jamás deberían haber salido del fuero civil.

El gobierno del fraude continúa la senda del stronismo y la vileza, sumando mise­rabilidad para sí y rabia en el pueblo, desafiando a las mayorías trabajadoras de la ciudad y del campo. ¿Durará mucho tiempo su saqueo despótico y entreguista? La hora de los pueblos tiene la palabra.