jueves, abril 23

RESILIENCIA Y REFLEXIONES

La resiliencia es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Si acostumbra a entrar a este rincón del sitio ya habrá leído al respecto de este término.

Boris Cyrulnik es uno de los psiquiatras, neurólogos y etólogos más influyentes de nuestra era, conocido mundialmente como el «padre de la resiliencia» en el ámbito de la psicología moderna. Porque fue él quien la transformó de un concepto técnico a un sistema humanista y científico accesible para todo el mundo. Según este pensador; «La resiliencia es más que resistir, es también aprender a vivir». Cyrulnik plantea como un punto y aparte, un nuevo capítulo de nuestra vida con la resiliencia, 

Tenemos que entender que la resiliencia no es «buena» ni «mala» en un sentido moral, sino que es una capacidad adaptativa. Sin embargo, como toda herramienta humana, depende de cómo se entienda y aplique. Y también cuando pasamos por momentos complicados, es frecuente que se nos invite a resistir. Nosotros mismos decimos que, si aguantamos la tormenta, acabará por salir el sol. 

El lado positivo de la resiliencia es que es una herramienta de supervivencia, por qué;

  • Evita el colapso: Permite que una persona siga adelante tras una pérdida, un trauma o un fracaso.

  • Promueve la salud mental: Ayuda a procesar el dolor en lugar de quedar atrapado en él.

  • Fomenta el crecimiento: Como dice Cyrulnik; “no solo recupera su forma original, sino que a menudo sale con nuevos recursos y una mayor comprensión de la vida (lo que se llama crecimiento postraumático).

Y también tiene su «peligro» o lado negativo: La mala interpretación;

En los últimos años, ha surgido una crítica a la «resiliencia obligatoria», que puede ser perjudicial por estas razones:

  1. La trampa de la autoexigencia: A veces se usa para decir que «tienes que poder con todo» y que si sufres, es porque no eres lo suficientemente resiliente. Esto genera culpa en la víctima.

  2. La invisibilidad del entorno: La resiliencia no es solo un «músculo interno». Como mencionamos con los «tutores de resiliencia», necesitamos de los demás. Si se ve como algo puramente individual, se ignora que la sociedad tiene la responsabilidad de no causar traumas (pobreza, injusticia, violencia).

  3. La «Resiliencia Tóxica»: Es cuando se usa la capacidad de aguante para soportar situaciones abusivas. Ser resiliente no significa aguantar lo inaguantable; a veces, lo más sano no es «resistir», sino retirarse de un lugar que te hace daño.

Pero, ¿qué significa aprender a vivir? Para Cyrulnik, implica convivir con la herida, comprenderla y trascenderla, convirtiéndola en algo distinto. Algo nuestro. Algo positivo. Parece una locura pensar en ello cuando estamos en el pozo, cuando estamos pasando mal. Pero en eso consiste la auténtica resiliencia. Porque, como decía Nietzsche, “lo que no me mata, me hace más fuerte”. Y la resiliencia es la clave de esa fortaleza.

La resiliencia es buena cuando se entiende como la libertad de no ser definido por tus heridas. Es mala cuando se convierte en una presión para no sentir dolor o para aceptar injusticias sin quejarte.