sábado, abril 25

LOS ESTOICOS Y LA VIDA MISMA

La palabra filosofía proviene del griego antiguo; «philos» que significa «amor» o «amigo», y «sophía» que significa «sabiduría» o «conocimiento», por lo que etimológicamente significa «amor a la sabiduría» o «amor por el conocimiento». 

El filósofo español Séneca decía; “No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que desperdiciamos muchos periodos de nuestra vida”. El pensador estoico reflexionó hace casi dos mil años sobre la gestión del tiempo, una preocupación que sigue vigente en una era marcada por la prisa y la distracción. Vivimos convencidos de que el tiempo no alcanza. Las agendas se llenan, los días se acortan y la sensación de ir siempre con retraso se ha normalizado en la vida de cualquiera en un mundo hiperconectado y polifacético.

La cita “No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que desperdiciamos mucho” procede de De brevitate vitae (Sobre la brevedad de la vida), un tratado moral escrito por Séneca alrededor del año 49 d.C. y dirigido a su suegro, Paulino. El filósofo cuestionó la idea de que la vida sea corta por naturaleza y el hábito humano de no utilizar bien nuestro tiempo en el trabajo, estudios u obligaciones que tengamos en nuestras vidas.

Valorar el tiempo

En el pensamiento estoico, el tiempo es el bien más valioso porque es irrecuperable. Séneca critica a quienes protegen su dinero o sus propiedades a veces en exceso, convirtiéndolos en lo más importante en sus vidas, a veces mucho más que su salud o la compañía humana que tenga cerca.

Séneca defendía que cada persona es responsable de su tiempo y, por tanto, de su vida. En sus escritos insiste en que aprender a decir no, elegir con criterio y dedicar tiempo a la reflexión son actos de libertad. Quien no controla su tiempo, termina viviendo para otros. Aunque escrita hace casi dos milenios, la frase de Séneca encaja con problemas contemporáneos como la hiperconectividad, la sobrecarga informativa o la dificultad para desconectarnos del trabajo hoy, que a algunos lleva a convertirse en “workaholics” o adictos al trabajo.

La necesidad compulsiva de trabajar termina afectando varias áreas de la vida. Por ejemplo tenemos;

  • Enfermedades cardiovasculares: Mayor riesgo de hipertensión, arritmias e infartos debido al estado de alerta constante.
  • Trastornos del sueño: Insomnio de conciliación (dificultad para dormir por pensar en pendientes) o sueño no reparador.
  • Problemas gastrointestinales: Gastritis, úlceras y colon irritable relacionados con el estrés.
  • Debilitamiento del sistema inmune: Mayor propensión a resfriados y otras infecciones.

E incluso;

  • Síndrome de Burnout: Agotamiento emocional, despersonalización y sensación de bajo logro.
  • Ansiedad y Depresión: Sentimientos de culpa cuando no se está trabajando y vacío existencial fuera del entorno laboral.
  • Irritabilidad: Poca tolerancia a la frustración y cambios de humor bruscos.
  • Dificultad de concentración: Paradójicamente, trabajar de más reduce la agudeza mental y la creatividad

Por lo que es importante tomarse unos minutos al día para contemplar la naturaleza, oír música o charlar con alguien, que son ejercicios importantes para nuestra mente sobreexigida. O aplicar sugerencias de otro filósofo cómo Byung Chul Chang que dice; «La felicidad no tiene que ver con una vida activa, como decía Hannah Arendt, tiene que ver con una vida contemplativa», y ha escrito un trabajo en relación a eso llamado; “la vida contemplativa”, si desea conocer más de reflexiones filosóficas para vivir cómodamente en un presente sobrecargado de demandas, distracciones y procrastinación que nos hace perder tiempo en tonterías o lo que no sea útil para lograr cumplir nuestras responsabilidades adecuadamente.