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¿Qué tanto sabemos de Qatar?

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Por Cristian Nielsen

Tanto hablamos de Qatar que es como si lo conociéramos de toda la vida. Pero, ¿qué es Qatar? ¿Dónde está? ¿Cuál es su origen, quienes lo habitan? ¿A qué se dedican, qué costumbres caracterizan a los originarios de ese lugar?

Vayamos por partes.

Qatar es un pequeño país ubicado en la costa este de la península Arábica, esa lengua de tierra ubicada entre el oriente de África -que comparten Egipto, Sudán y Etiopía- y el litoral occidental de Asia volcado sobre el golfo Pérsico y enteramente ocupado por Irán. Su único vecino terrestre es Arabia Saudita con la que mantiene una frontera seca de 60 kilómetros mientras que un estrecho canal de agua lo separa de Bahrein, otra nación arábica. El resto de sus límites territoriales lo componen 563 kilómetros de costas sobre el golfo en las que alternan playas blanquecinas y acantilados en los que rompen olas gigantes.

Territorialmente es un estado diminuto. Sus 11.586 kilómetros cuadrados (el tamaño del departamento de Caaguazú) están constituidos casi exclusivamente por un desierto de pedregales y grava sembrado de dunas a las que el viento modela constantemente.

Su origen arranca como puerto de conexión para comerciantes de perlas, pigmentos, telas y otros productos que navegaban el Golfo Pérsico en busca de los opulentos mercados europeos. Esto le valió caer en manos de varios imperios, en especial el otomano, para terminar como protectorado británico del cual se liberó en 1971.

EMIRATO CONSULTIVO

Políticamente hablando, Qatar es un estado soberano que en su constitución proclama:

“Qatar es un Estado árabe, soberano e independiente. Su religión es el Islam y la ley islámica es la fuente principal de sus legislaciones. Su sistema es democrático y su idioma oficial es el árabe. El pueblo de Qatar forma parte de la Nación Árabe”.

Técnicamente, es un emirato consultivo. El Gobierno está en manos un Emir, cargo hereditario en poder de la familia Al Thani desde mediados del siglo XIX. Al contrario de la monarquía absoluta de Arabia Saudita, Qatar tiene un órgano legislativo, la Asamblea Consultiva (en árabe, Majlis as-Shura) que desde la reforma constitucional de 2003 elige dos tercios de sus miembros por voto directo incluyendo el de las mujeres. El tercio restante es nombrado por el Emir.

Esta asamblea tiene tres competencias: aprobar el presupuesto nacional y controlar la actuación de los hombres del Gobierno aplicando eventuales votos de censura. Una tercera potestad le permite remitir al Emir propuestas sobre asuntos públicos. Si el Gobierno las rechaza sin explicaciones, la Shura sólo podrá comentar el hecho y allí acaba todo.

PAIS DE INMIGRANTES

Qatar tiene actualmente 2.700.000 habitantes. Pero sólo 250.000 son ciudadanos qataríes. El resto son extranjeros radicados e inmigrantes que trabajan en diversos tipos de actividades. Este aluvión de migrantes empezó a desembarcar ni bien el país anunció su carácter de sede del Mundial 2022 del futbol. Son casi exclusivamente hombres de entre 20 y 40 años. En su gran mayoría proceden de India, Bangladesh, Nepal, Pakistán, Uganda, Kenia, etc. Se emplean principalmente en obras de infraestructura, principalmente las vinculadas con el torneo mundial. También son conductores, dependientes de comercios, de empresas de mantenimiento y realizan tareas tales como electricidad, plomería, jardinería, etc.

Esta multitud que decuplica la población originaria del emirato no puede asistir a los espectáculos del mundial. El alto costo del ticket de acceso los pone fuera de su alcance. Un conductor estándar, por ejemplo, gana en riyales (la moneda local) el equivalente a unos 375 euros. Una entrada de las mas baratas, las del arranque del torneo, equivalía a casi la mitad de su salario, algo imposible si se tiene en cuenta que estos trabajadores-inmigrantes remiten a sus hogares una gran parte de lo que ganan.  Por eso muchos de ellos viajan 45 kilómetros -si su horario de trabajo se lo permite- hasta un estadio de cricket en donde observan los partidos en una pantalla gigante.

UNA NUEVA PIEL

Al igual que muchos reptiles cambian la piel con la estación, Qatar se someterá a un drástico proceso de transformación a partir de mañana lunes 19 cuando la pelota deje de rodar. Algunas de las sedes realzarán su perfil. Otras, se transformarán en otra cosa o serán desguazadas.

El estadio de Lusail -en donde Arabia Saudita avergonzó a la selección argentina en el arranque del torneo, y otro grande, Brasil, fue eliminado- incorporará espacios para boutiques y tiendas de alta moda, cafés, restaurantes, instalaciones deportivas y hasta clínicas de salud.

A otro estadio majestuoso, el Al Bayt, – sede de partidos icónicos como Inglaterra-EE.UU. y España-Alemania- se le agregará un hotel cinco estrellas, un centro comercial y hasta una clínica de alta complejidad al servicio de disciplinas deportivas de alto rendimiento.

Otros dos estadios servirán de sede de los equipos locales más emblemáticos, Al Rayán y Al Wakrah.

Además, la administración catarí ya iza velas rumbo a la Copa de Asia de 2024 y, porqué no, los Juegos Olímpicos de Verano de 2036.

Quien sabe si este no es el futuro de Qatar, para cuando el petróleo comience a secarse en las profundidades de su desierto y el mundo se mueva con otros combustibles.

Los jeques miran mucho más allá de las dunas, las torres de petróleo y los camellos.

 

 

 

Equipo Periodistico
Equipo Periodistico
Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, John Walter Ferrari, Víctor Ortiz.

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