jueves, mayo 14

Poder de fuerza / Félix Giménez

En la política internacional hay una verdad incómoda que casi siempre la ocultan
detrás de discursos épicos, declaraciones diplomáticas y llamados a la cooperación.
Se trata acerca del respeto entre naciones y como suele estar profundamente ligado al
poder económico y militar que poseen. Aquí no hablamos de ideales o valores
compartidos en foros internacionales, sino de la capacidad concreta de defender
intereses y territorios, así como proyectar influencia.

Si algo nos enseña la historia es que los países capaces de mantener independencia
estratégica y peso en el tablero mundial, han sido aquellos que desarrollaron un gran
poder económico, militar y tecnológico. Cuando una nación depende en extremo de
otra, especialmente en asuntos de protección, inevitablemente se genera una relación
desigual. Esa dependencia, por más útil que sea para la seguridad inmediata, al final
limita la autonomía política y la capacidad de negociación.

El poder real no se expresa solamente en armas o soldados, pero es infantil negar que
la fuerza sigue siendo un elemento fundamental del equilibrio mundial. Hoy día con
tantas guerras, tensiones geopolíticas y disputas territoriales o por recursos, la
capacidad de defensa continúa siendo un factor que define el nivel de un país frente a
otros.

El liderazgo sin fuerza genera dependencia, y eso lleva únicamente a posiciones de
desventaja o de derrota directa. De acuerdo con la realpolitik, el respeto no nace de
discursos sobre dialogo o humanismo y otros sermones morales. Proviene
directamente del poder. Y el poder es lo único que sencillamente, se teme, se admira y
se respeta.