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Editorial

Petropar y Jack Sparrow

Los piratas del Caribe saquean sin piedad al ente

¿A cuántas fortunas dio lugar la eterna deuda de Petropar, cuántos nuevos millonarios estrenaron mansión y cuántas nuevas membresías a clubes exclusivos fueron pagadas con los dólares de la caribeña pedevesa?

Esta deuda es particularmente odiosa, injusta e indignante. En forma sencilla, para no aburrir al lector con intrincados razonamientos “financieros”, digamos que el usuario de un vehículo diésel paga al contado el combustible que carga mientras Petropar lo financia en cuotas al proveedor.

¿Qué pasa con la diferencia? ¿Cuántas operaciones de bicicleteo engorda esta operatoria, cuántos intereses se deslizan subrepticiamente a cuentas privadas? ¿Cuántos señorones gravemente atornillados a bancas del Senado y de Diputados las deben a la plata que han recibido de esa vaca lechera llamada Petropar y merced a la acumulación de una deuda que, según los amanuenses del fantasmón venezolano alcanzaba a US$ 315 millones en 2019?

Sería ingenuo limitar la investigación a la actual administración de Petropar, que tendrá sin duda mucha responsabilidad por los desmanejos más recientes de esa máquina de generar negocios sucios. Ampliando el enfoque, hay que meter en el encuadre a todo el anillo más intimo de la administración Duarte Frutos (2003-2008) y ni qué decir la del ex obispo Lugo (2008-2013). Estamos hablando de un pasivo que comenzó a acumularse hace casi dos décadas. La deuda a PDVESA es la frutilla de la torta, una frutilla bastante engordada, hay que reconocerlo.

Pero los otros negocios hediondos de la petrolera acumulan cifras demenciales. Desde el robo de combustibles en verdaderas cadenas de ordeñe de camiones cisternas hasta los nombramientos por docenas de apadrinados políticos, pasando por licitaciones dibujadas para la clientela política de cada campaña electoral.

Luego está la ineficiencia empresarial. En su planta industrial de M.J.Troche, Petropar produce 38.000 litros de alcohol por funcionario y por año. Una sola alcoholera privada de Canindeyú cuadruplica esa productividad: 160.000 litros por empleado y por año. Una muestra más del Estado-empresario fallido por donde se lo mire.

Petropar no es, como dicen algunos, un cáncer. Es un negocio que si fuera administrado con honestidad y eficiencia, dejaría dinero al Estado. Hoy lo deja a los sinvergüenzas que lo asaltan a diario, al estilo de Jack Sparrow y los piratas del Caribe.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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