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EL CANDIDATO
martes, agosto 3, 2021
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Asunción

Perder el poder
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Es curioso el pensamiento que impregna a una buena porción de la dirigencia colorada en aquello de la “pérdida del poder”. Uno de los miembros de la multitudinaria Junta de Gobierno advirtió que si la conducción partidaria no se pone al frente en la búsqueda de solucionar los graves problemas que afectan al país, la ANR podría perder el poder, tal como sucediera en 2008 con la llegada de Fernando Lugo y la coalición que lo catapultó al poder.

Dos de esos “hechos graves” serían la inacabable odisea de la banda criminal del norte y los intolerables robos ocurridos con las compras públicas destinadas a combatir el COVID-19. Para muchos colorados, la perspectiva de “perder el poder” es intolerable. Es explicable, aunque no aceptable. Al cabo de 34 años de dictadura y 31 de apertura democrática, el Partido Colorado contabiliza seis décadas de ejercicio del poder. Es comprensible que la idea de bajar a la oposición desate en la jerarquía colorada una suerte de síndrome de abstinencia, como si los envolviera aquella doctrina del “destino indefectible” del que Mussolini les hablaba a los italianos en los albores del fascismo.

Cuando los colorados hablan de la alternancia en el poder, parecen hacerlo de manera referencial, más que nada, porque no han probado su vigencia de manera sistemática. Por eso muchos de ellos recuerdan 2008 como el año en que perdieron el poder más por errores propios que por méritos de la oposición. Y tienen plena razón. Fue cuando Lino Oviedo dinamitó la “unidad granítica”, partiendo la ANR en dos pedazos bastante simétricos con las consecuencias ya sabidas, que son dos principales. La primera, que los colorados aprendieron la lección y por muy duras que fueran las internas, a las generales van desde entonces juntos. La segunda fue que la oposición no le dio enter al episodio de 2008 y fueron a los comicios de 2013 divididos. En ese tren, la derrota es inevitable.

La alternancia no es un mecanismo automático, porque si lo fuera, no habría equilibrio sino caos. Pero para que exista, debe haber por lo menos dos actores con vocación de poder. Hasta ahora, la oposición ha demostrado una total ineficacia para bajar a la arena y disputarle el poder a la ANR, que se ha vuelto un protagonista hegemónico, algo así como la “marca dominante del mercado”, como dirían los expertos en marketing.

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