El consumo de electricidad en Paraguay alcanzó 22.509,5 GWh durante 2025, un crecimiento de 15,5% interanual que permitió que, por primera vez, esta fuente superara a la biomasa sólida dentro del consumo final de energía. El cambio modifica la estructura energética del país y ocurre mientras la demanda eléctrica continúa acelerándose, obligando a ANDE, al MOPC y al Poder Ejecutivo a adecuar infraestructura, inversiones y regulación.
¿Cómo cambió la matriz energética de Paraguay en 2025?
Los datos del Balance Energético Nacional 2025, elaborado por el Viceministerio de Minas y Energía (VMME) del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC), muestran un punto de inflexión: la electricidad pasó a representar 27,6% del consumo final de energía, mientras que la biomasa sólida quedó en 25,3%.
La diferencia se explica principalmente por las velocidades de crecimiento. Mientras el consumo eléctrico aumentó 15,5% respecto de 2024, hasta alcanzar 22.509,5 GWh, el uso de biomasa sólida —que comprende leña, bagazo de caña, carbón vegetal y otros residuos— avanzó solamente 0,6%.
El cambio tiene implicancias que van más allá de una modificación estadística. Una economía que sustituye progresivamente fuentes tradicionales por electricidad necesita mayor capacidad de generación, transmisión y distribución, además de reglas capaces de acompañar la incorporación de nuevas fuentes y grandes consumidores.
Los datos de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) confirman la presión creciente sobre el sistema. Con una metodología de medición distinta a la del Balance Energético, la empresa estatal informó que la demanda eléctrica nacional aumentó 12,5% durante 2025, hasta 29.419 GWh, y que la demanda máxima alcanzó 5.280 MW el 15 de diciembre.
¿Qué sectores están impulsando el consumo de electricidad?
La transformación ya es visible en los hogares. Según el Balance Energético Nacional, la electricidad representó 49,3% del consumo energético residencial durante 2025, frente al 40% correspondiente a biomasa y 10,7% de derivados del petróleo, principalmente gas licuado de petróleo.
Además, 32,7% de los hogares utilizó electricidad como principal fuente de energía para cocinar, una participación que aumentó 3,6 puntos porcentuales frente a 2024. El sector residencial concentró, a su vez, 33% del consumo total de electricidad del país.
Pero uno de los movimientos más pronunciados ocurrió fuera del consumo doméstico. El segmento denominado “otros sectores”, que incorpora actividades vinculadas a la Infraestructura Digital Avanzada (IDA), registró un aumento de 138,5% en su consumo eléctrico durante 2025, según los datos oficiales.
Este fenómeno coloca el debate energético también dentro de la política de atracción de inversiones. En junio de 2026, el Gobierno dejó sin efecto cuatro decretos relacionados con las denominadas industrias convergentes y justificó la decisión en la necesidad de preservar la sostenibilidad del sistema eléctrico, la competitividad y el aprovechamiento de la energía para industrialización y generación de empleo.
La discusión, por tanto, ya no se limita a cuánto puede producir Paraguay. También involucra qué actividades consumirán la energía disponible, bajo qué condiciones y qué inversiones deberán ejecutarse para sostener el crecimiento de la demanda interna.
¿Puede la infraestructura acompañar el crecimiento de la demanda?
La tendencia no terminó en 2025. Entre enero y mayo de 2026, el consumo eléctrico nacional llegó a 14.587,1 GWh, frente a 12.217,6 GWh en igual periodo del año anterior. El incremento acumulado fue de 19,4%, según la ANDE.
Ya en enero, el Sistema Interconectado Nacional había registrado un nuevo máximo de demanda de 5.752 MW, superior en 816 MW al pico observado en enero de 2025.
El desafío institucional consiste en lograr que el ritmo de expansión de la infraestructura acompañe esa trayectoria. La ANDE cuenta actualmente con planes maestros de generación para 2024-2043, transmisión y distribución para 2024-2033, además de un programa específico de reducción de pérdidas eléctricas para 2025-2028.
Entre las obras estratégicas figuran la línea de 500 kV Yguazú–Valenzuela, la línea de 220 kV Villa Hayes–Pozo Colorado y una segunda línea de 500 kV Itaipú–Villa Hayes, esta última con financiamiento y proceso de licitación reportados por la empresa estatal en mayo.
Durante 2025, la ANDE ejecutó US$ 349,2 millones en infraestructura eléctrica, el mayor monto anual informado por la institución. De ese total, US$ 157,1 millones fueron destinados a transmisión y US$ 192,1 millones a distribución.
Parte de la expansión también depende de financiamiento internacional. En noviembre de 2025, la empresa informó la aprobación de un préstamo de US$ 70 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para fortalecer el sistema de transmisión, dentro de un esquema que también involucra al Banco Europeo de Inversiones (BEI) y la Unión Europea.
El crecimiento de la electricidad, por tanto, vincula directamente la seguridad energética con la capacidad de ejecución del Estado, el financiamiento multilateral y las condiciones ofrecidas a nuevas inversiones productivas.
¿Qué cambia en la regulación del sector eléctrico?
El aumento del consumo ocurre mientras Paraguay también revisa las reglas institucionales del sector. En agosto, el presidente Santiago Peña encabezó la primera reunión de la Mesa Nacional del Sector Eléctrico, donde el Ejecutivo planteó crear un Ministerio de Minas y Energía y un ente regulador del sector eléctrico. Los proyectos serían sometidos a discusión pública antes de avanzar en el proceso legislativo.
A esto se suma la Ley N.º 7599/2025, que modernizó el régimen para la generación eléctrica mediante fuentes renovables no convencionales no hidráulicas. La norma busca facilitar inversiones privadas, diversificar las fuentes disponibles y habilita mecanismos de autogeneración, comercialización y contratación de energía.
La ley establece además que la ANDE puede celebrar contratos de suministro con generadores de energías renovables no convencionales por plazos de hasta 30 años, mediante procedimientos de contratación previstos en la legislación y licitaciones públicas internacionales en los casos establecidos.
Esta combinación de crecimiento de demanda, apertura a nuevas fuentes y reforma institucional coloca la previsibilidad regulatoria entre las variables relevantes para el clima de inversión. Para proyectos industriales intensivos en energía, centros de datos, infraestructura digital o generación renovable, la disponibilidad física de electricidad debe ir acompañada de reglas estables sobre acceso, conexión, tarifas y contratación.
¿Por qué Paraguay todavía depende fuertemente de combustibles en el transporte?
El cambio de la matriz tampoco significa que Paraguay haya completado su transición energética. El transporte continúa concentrando cerca del 38% del consumo energético nacional y mantiene una elevada dependencia de derivados del petróleo.
En 2025, los combustibles fósiles representaron 88,1% del consumo energético del transporte, mientras que el 11,9% restante correspondió principalmente a etanol y biodiésel. Los biocombustibles, no obstante, incrementaron 15,2% su utilización respecto de 2024 y alcanzaron 4,5% del consumo energético nacional.
Esto revela dos procesos simultáneos. Paraguay avanza hacia una mayor electrificación del consumo residencial, comercial y de determinadas actividades productivas, pero conserva una dependencia significativa de hidrocarburos importados para movilizar su sistema de transporte.
La expansión de la electricidad modifica así una matriz históricamente caracterizada por una paradoja: el país dispone de una elevada producción hidroeléctrica renovable, pero una parte considerable de su consumo final continuó durante décadas concentrada en biomasa e hidrocarburos.
¿Qué deberá resolver Paraguay ante una economía cada vez más eléctrica?
Que la electricidad haya desplazado por primera vez a la biomasa representa un cambio estructural en el consumo energético paraguayo. Pero el dato adquiere mayor dimensión al observar lo ocurrido posteriormente: la demanda eléctrica siguió creciendo a tasas de dos dígitos durante 2026.
La transición abre oportunidades para sustituir combustibles, atraer industrias y aprovechar internamente una mayor proporción de la generación renovable del país. Al mismo tiempo, incrementa la exposición a problemas de transmisión, distribución y capacidad operativa si la infraestructura no crece al mismo ritmo.
Por eso, el próximo capítulo energético de Paraguay dependerá menos de demostrar que dispone de electricidad abundante y más de su capacidad institucional para transportarla, distribuirla, regular su mercado y orientar inversiones de largo plazo. La evolución de los planes de la ANDE, la reforma regulatoria impulsada por el Ejecutivo y la entrada de nuevos consumidores determinarán cuánto de este cambio estadístico puede convertirse en transformación productiva.