miércoles, junio 10

OIR Y ESCUCHAR, DOS COSAS DISTINTAS

Oír es percibir los sonidos a través del oído gracias a las vibraciones que viajan por el aire. A diferencia de escuchar, que requiere prestar atención voluntaria para comprender el significado de lo que se percibe, oír es un acto puramente biológico y pasivo. Se puede oír sin escuchar, ya que para lo primero solo necesitas que tu sistema auditivo funcione, mientras que para lo segundo necesitas activar tu mente. 

Hoy día parece ser que escuchamos más que oír lo que nos rodea, desde que despertamos, desayunamos, almorzamos o cenamos con otras y en nuestras oficinas, estudios o donde nos toque estar con otras personas, que pueden cómo no también usar palabras para comunicar sus pensamientos, sentimientos o posturas sobre algo que se esté socializando, si es que cómo comunidad nos disponemos a hablar entre nosotros, sin separarnos con pantallas o aislarnos con auriculares. Oír es la capacidad física de percibir un sonido involuntariamente. Escuchar requiere atención, intención y concentración para interpretar el sonido. 

El filósofo Byung-Chul Han dice: «En el futuro habrá una profesión llamada oyente. Acudiremos a él porque apenas quedará nadie más que nos escuche. Escuchar es dar, es lo único que ayuda al otro a hablar», que es el pilar fundamental sobre el que construimos nuestra realidad mental, social y emocional. Se muestra cómo una curiosa predicción, porque estamos acostumbrados a tener licenciados, ingenieros o cualquier título que abra las puertas a distintos tipos de oficios, más el hablar de un profesional que trabaje para oír, es lo mismo que tener a alguien que cobre por observar u olfatear lo que necesite atención.

Aprender a escuchar

El filósofo surcoreano advierte que cada vez hablamos más, pero escuchamos menos. En una época acelerada y llena de ruido, prestar atención al otro ya se ha convertido casi en un acto de resistencia.

Por otro lado, el hablar es la herramienta con la que organizamos el caos de la mente. Al transformar pensamientos abstractos en palabras estructuradas, el cerebro se ve obligado a secuenciar, categorizar y dar sentido a las ideas.

La atención no es simplemente mantener los ojos abiertos o estar despierto; es el filtro selectivo del cerebro, el mecanismo que decide qué parte de la infinita realidad entra en nuestra conciencia y qué parte se descarta. En una era de distracción masiva, por eso la atención se ha convertido en el recurso más valioso y disputado.

De esa deriva deshumanizante advierte ahora Byung-Chul Han, uno de los filósofos más reconocidos de la actualidad: «En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará oyente. Acudiremos al oyente porque, aparte de él, apenas quedará nadie más que nos escuche. Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar. Q Que es un prestar, un dar, un don. Es lo único que le ayuda al otro a hablar». 

Como “homo sapiens” u hombres sabios, y debemos honrar el título que nos dio el científico, naturalista y botánico sueco Carlos Linneo en 1758 en la emblemática décima edición de su obra fundamental, Systema Naturae (Sistema Natural) usando nuestros sentidos para lo que fueron diseñados.