UN PAIS INJUSTO C0N UNA JUSTICIA IGUAL
La amarga sensación que tenemos en democracia es que la justicia no ha querido a lo largo de todo este tiempo ser independiente, autónoma, que las instituciones creadas en la constitución de 1992 y que tendrá un día feriado de recordación el próximo 20 de junio, ha pretendido con el consejo de la magistratura y el jurado de enjuiciamiento mejorar los niveles de gestión, de elección, de control de nuestros fiscales y jueces. Y podríamos decir que hemos fracasado, que no hemos conseguido lo que se proponía en el papel porque nadie pretende ser justo en un país tremendamente injusto y desigual como el que tenemos.
Mientras no trabajemos las bases de la desigualdad y de la injusticia, no vamos a tener una institución llamada justicia con fiscales y con jueces que estén a la altura de las exigencias y de la demanda. No se crea justicia simplemente porque se diseña una idea institucional para llevarla a cabo. Mientras no exista la verdadera voluntad de convertirla en autónoma, en libre, en independiente, en alejada de las intenciones crematísticas que rodean la gestión de ellos y mientras ellos dejen de tenerle miedo a los políticos, no vamos a cambiar esta ecuación.
La política seguirá siendo corrupta y sucia porque sabe que la institucionalidad tiene su respaldo para que eso continúe. Un círculo vicioso que hay que romper. De momento tenemos la peor versión de una justicia injusta en un país igual.
NO REGALAR NUESTROS RECURSOS
El uso de nuestros recursos hidroenergéticos se ha convertido en un debate nacional y con razón. El nivel de aumento del consumo local ha hecho que se debata en torno a cuánto tiempo tenemos disponible, lo que alguna vez fue un activo importante, la gran cantidad de energía limpia proveniente de nuestras hidroeléctricas.
Aparentemente tenemos para 10 años y es allí donde surge el debate porque en una de las hidroeléctricas hay una cuestión que no ha sido concluida. La negociación sobre el anexo C y sobre el precio que debe tener la energía generada por Itaipú. Durante mucho tiempo estuvo a 42 dólares el mega watt para pagar las acreencias en el costo de los préstamos que se hicieron para construir la presa.
Terminada la misma, bajó a 19. Los brasileños quieren que baje a 10. Nosotros queremos mantener en lo mismo para tener un margen de utilización de ese 9% para apalancar a la ANDE, por un lado, pero por el otro también para seguir usando canilla libre sin ningún tipo de control los gastos sociales de Itaipú, que es un foco de corrupción inmenso en este país.
En realidad, tendríamos que tener lo que el precio está establecido en el tratado de Itaipú, que una vez concluido y pagado el costo de la generación, la misma no tiene por qué generar renta ni lucro. Y es allí donde aparecen interesados en llevarse la energía a un valor inferior al que realmente provisiona la ANDE. Y ahora presionado por la realidad y por el destape, Peña ha tenido que borrar los decretos que él mismo había firmado dándole a una empresa británica de combustible conseguido a través de la energía para que realmente no tenga el precio preferencial por 30 años.
Consideramos una decisión correcta a pesar de que habrá pisado varios callos de varios interesados en continuar medrando con la energía.
OBRAS PÚBLICAS QUE FRACASAN
Las cuestiones que tienen que ver con las obras públicas en el Paraguay siguen aplazadas.
Se decidió al comienzo de esta administración que el Ministerio de Obras Públicas se encargaría de construir o de reconstruir escuelas, que se sacaría esa función al Ministerio del Ramo que conoce poco del mismo y que no tiene la capacidad de gestión. Se creía que con esto resolveríamos el problema. Sin embargo, seguimos teniendo escuelas que se caen a pedazos y nuevas que no se construyen en el tiempo y en el modo.
El Ministerio de Obras Públicas no tiene el interés de convertirse en constructora, más que en las cuestiones administrativas de concesión de licitaciones para construir rutas y puentes. Lo que creíamos que sería una solución de nuevo nos han enseñado de que Paraguay es el verdadero cementerio de las teorías. Lo que funciona en otras partes aquí no funciona porque no existe la verdadera voluntad de que así acontezca.
Mientras no partamos de la idea de que cada uno tiene que hacer de la mejor forma la tarea para la cual está establecida, vamos a tener un montón de ministerios que acumulan una serie de responsabilidades que no las puede concretar en el terreno práctico. El Paraguay necesita una profunda reforma del Estado. Necesitamos disminuir la cantidad de ministerios y de ministros y reducirnos a aquellos que realmente sepan lo que tienen que hacer y que si no lo hacen, sus titulares paguen las consecuencias.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
