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Ocho décadas de Fantasía

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La película de Walt Disney que revolucionó el arte del cine animado.

Por: Cristian Nielsen

Quien no haya visto “Fantasía” no ha sido niño o, por lo menos, no ha tenido alguien en la familia que la haya visto en su infancia. Esta creación de Walt Disney cumple hoy modestos 82 años de haber sido estrenada en Estados Unidos.

Alguien dirá, “es apenas un dibujito animado”. Claro que lo es, lo que hoy se conoce sencillamente como animación. También se trata de encasillarla como una obra destinada a niños, que lo es claramente. Sin embargo, sería imposible calcular los millones de adultos que la vieron en todo el mundo con el pretexto de llevar al cine al hijo, al sobrino o al nieto.

Pero aparte de ser un despliegue inagotable de fantasía, la película es también un musical de primera magnitud, un desarrollo argumental importante y una obra que introdujo innovación técnica y formal a la cinematografía.

SONIDO INNOVADOR

Walt Disney no escatimó dinero en directores. Esta obra tuvo 9, comenzando por Jim Algar, quien tras debutar con Fantasía en 1940, tuvo a su cargo otras 18 películas del género, cuatro de las cuales le dieron un Oscar y dos el Oso de Oro de Berlín. Algar cerraría su carrera dirigiendo Fantasía 2000, estrenada en diciembre de 1999 en el Carnegie Hall de Nueva York y producida por Roy Edward Disney, sobrino del creador del sello.

Los realizadores de Fantasía cuidaron con mucho esmero la banda de sonido. Y ya veremos por qué un poco más adelante.

A Disney le disgustaba la baja calidad del sonido en las películas de animación de la época, incluidas las dos que precedieron a Fantasía, Blancanieves y los Siete Enanitos y Pinocho. Para solucionar el problema convocó a un genio del sonido de esos días, Bill Garity, quien desarrolló para Disney Fantasound, uno de los primeros sistemas de sonido estereofónico aplicado al cine. Este paso era absolutamente necesario y aunque costó varios millones de dólares de la época, se justificaría para darle realce a la grandiosa selección musical que caracteriza esta monumental obra de la animación.

LEOPOLD STOKOVSKY

Si Disney invirtió un montón de dinero en directores, ingenieros en sonido y técnicos en animación, no se anduvo con chiquitas cuando se aplicó a musicalizar la producción. Para ello convocó a Leopold Stokovsky, un director de orquesta británico de ascendencia polaca e irlandesa. El músico venía realizando grabaciones en estereofonía desde principios de los años ’30. En 1937 empleó un sistema multipistas para registrar la banda de sonido de la comedia musical Cien Hombres y una Muchacha, del sello Universal Pictures. Lo curioso es que pese a ser sonorizada con 10 canales de audio, la película fue estrenada en su versión monoaural, tal vez para adaptar las copias a las disponibilidades técnicas de los cines de la época. Disney decidió aprovechar la experiencia del gran director y compositor británico y lo convocó a sus estudios.

Lo que Stokovsky hizo sólo podría calificarse de majestuoso. Si el amable lector quiere comprobarlo, puede ver la película en https://www.youtube.com/watch?v=d76os7gV1as.

OCHO INMORTALES

La película arranca nada menos que con la Tocata y Fuga en re menor de Juan Sebastián Bach interpretada por la orquesta sinfónica de Filadelfia y dirigida por el propio Stokovsky. A partir de allí comienza la sucesión de imágenes que van desplegándose en la pantalla y desatando toda clase de sensaciones. En una época del cine en blanco y negro y lejos aún de la ingeniería digital, el bombardeo de formas y colores fue una revolución visual que clavó a millones de espectadores en sus butacas.

La obra de Bach es seguida por el ballet Cascanueces, de Piotr Tchaikovsky, una catarata de danzas e imágenes que cierran con el baile de los peces y la danza de las flores. Luego aparece El Aprendiz de Brujo, una historia del dramaturgo y naturalista alemán Wolfgang Goethe musicalizada por el compositor francés Paul Dukas. La gente queda hipnotizada. Y como despertando del hechizo, aparece en la pantalla La Consagración de la Primavera, del compositor ruso Igor Stravinski, una impresionante yuxtaposición de imágenes y sonidos que representan la creación de la Tierra con abruptos surgimientos de montañas, combates de dinosaurios y espléndidos amaneceres en una suerte de estallido de la vida.

La Danza de las Horas, del italiano Amilcare Ponchielli, sirve de umbral a la irrupción en escena de la mitología griega, con sus seres alados, centauros y semidioses. Stokovsky eligió, para este pasaje, nada menos que la sinfonía Pastoral, de Beethoven. La película cierra con el Ave María de Schubert, convocatoria litúrgica que logra borrar la irrupción del demonio Chernabog caracterizado por la música truculenta de Modest Musorsgki.  

Fantasía es algo más que una película de dibujitos animados. Es una clase de estética, de música, de literatura y, sobre todo, un amanecer hacia el cine tecnológico que habría de cobrar enorme impulso finalizada la guerra que, por esos días, sumía a la humanidad en las sombras.

Fantasía aportó luz, melodías y mucha belleza. El mundo lo necesitaba con desesperación.

Equipo Periodistico
Equipo Periodistico
Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, John Walter Ferrari, Víctor Ortiz.
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