jueves, mayo 14

Narcocorridos: peligroso y adictivo

El arte desde cualquier campo está ligado con describir momentos y situaciones existentes en tiempos específicos. Hoy día no estamos solo concentrados en el frecuente uso de la tecnología, las guerras que se dan entre algunos países o el narcotráfico, una actividad ilegal compleja y difícil que consiste en múltiples intercambios de narcóticos entre productores, distribuidores y consumidores en un contexto similar al del mercado que una vez consumido cualquier narcótico traficado queda atrapado en sus efectos.

Eso no solo ha hecho que se produzcan series, películas y músicas al respecto sino también narcocorridos que son historias enaltecedoras del narcotráfico y de sus protagonistas. El narcocorrido nace en la frontera norte de México, y tienen su mayor asiento en el estado de Sinaloa, concretamente en su capital, Culiacán. Empiezan a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX.

En la primera etapa se destacan artistas cómo José Rosales, Los Alegres de Terán, Manuel Cuellar Valdez y Juan Gaytán, luego los siguen Los Tigres del Norte y Chalino Sánchez para luego tener a El Komander, Valentín Elizalde y Roberto Tapia.

Es sorprendente notar hasta donde ha logrado llegar este acto delictivo, que no se limita a la política  bajo el título de la “narcopolítica”, la asistencia a familias con problemas financieros, de salud o que no tengan un techo bajo el cual vivir, que muestran el lado “benevolente” de esta industria que existe no para construir sino para destruir. 

Restricciones a estos himnos

Ahora quieren prohibir los narcocorridos en el estado de Sonora,México. Artistas mexicanos forjaron enormes audiencias cantando sobre los cárteles de la droga y la narcocultura. Ahora, ayuntamientos y estados se oponen a esa tendencia que tienda a normalizar el crimen en la sociedad o convertirlo en algo popular o simpático. Las drogas producen sopor, relajación muscular y embotamiento de la sensibilidad que puede llevar a otros problemas en/con su familia, empleo, estudios o cualquier comunidad social con la que se relacione que identifican rápidamente que se encuentra bajo los efectos de algún narcótico por su apariencia o forma de actuar, sacándolo del grupo con el que trabaje en algo específico.

La función del arte puede resumirse en satisfacer necesidades estéticas, sonoras o intelectuales  de los seres humanos dependiendo del sitio, momento o condición que vivamos. El arte no es estático, va evolucionando y se transforma cómo los acontecimientos humanos. No escuchamos siempre la misma música, vemos las mismas películas o leemos los mismos libros. “No hay nada escrito sobre los gustos”, dice una frase que significa que toda persona tiene sus propias preferencias y opiniones subjetivas, y no hay una forma objetiva de determinar qué es «correcto» o «incorrecto» en términos de gusto personal. 

A algunos puede gustar el reggaeton, la cumbia villera, el vallenato o cualquier ritmo popular y a otros no. Lo que no significa necesariamente escuchar a decibeles ensordecedores la “música” de su preferencia, que puede afectar la concentración de quién sea en tareas específicas, o poner nervioso el espíritu o dañar el humor de quien se moleste por tener algún “ruido” en el vecindario, trabajo o en el lugar y momento que precise paz para desarrollar bien pendientes que surjan bien o mejor con la calma en el medioambiente. ahora con los narcocorridos las cosas van más allá de eso ciertamente, se glamoriza a los narcotraficantes y eso es muy dañino. .