Nos encontramos en tiempos en los que las normas que antes regían la convivencia
global, se desdibujan. Los líderes de las potencias desafían constantemente los
tratados internacionales, las economías nadan entre proteccionismos y mercados
libres, la tecnología continúa su avance. Este vacío de reglas claras únicamente crea
incertidumbre y desigual competencia, donde el más poderoso impone su voluntad. La
carencia de acuerdos pone en peligro la estabilidad que tanto costó alcanzar.
En cuanto a lo social, la polarización sigue creciendo gracias a la ausencia de valores
comunes. Las redes sociales solo incrementan los discursos extremos, varias
instituciones como la familia o la educación pierden poder. Sin lazos que los unan,
cada grupo se comporta como una isla, matando el diálogo. ¿Cómo construimos un
futuro sin pilares sólidos? La anarquía moral nos conduce a un sálvese quien pueda.
La naturaleza también sufre las consecuencias de este destrato de nivel mundial. Los
acuerdos climáticos no se cumplen, los recursos se explotan hasta decir basta y las
especies desaparecen. La falta de leyes firmes solo conducirá a un planeta cada día
más muerto para las futuras generaciones. En un mundo fragmentado, ¿quién asumirá
los riesgos y el liderazgo hacia un mejor mañana?
Este mundo sin reglas claras es como un campo minado en donde nadie sale ileso.
Debemos de renovar el contrato social con transparencia, justicia y cooperación. Tanto
gobiernos como empresarios y ciudadanos deben empezar a priorizar el bien común.
Solo de esa forma se puede evitar que los más fuertes impongan su verdad.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
