El mundial de fútbol 2026 no se limita a tener atletas fuertes, rápidos, inteligentes o buenos o malos equipos. El evento trajo consigo algunos gestos llamativos que ahora se resaltan cómo el hecho por el dt de Egipto ante la agónica victoria de Argentina a su equipo. El gesto de los brazos cruzados por encima de la cabeza formando una «X» realizado por el director técnico de Egipto tiene una enorme carga política, social y de protesta.
Este símbolo es conocido internacionalmente como la señal de protesta del pueblo Oromo, el grupo étnico más grande de Etiopía, pero se ha convertido en un emblema global en el este de África para denunciar la represión política, la falta de libertad, las detenciones arbitrarias e injusticias gubernamentales.
En el contexto de la agónica y tensa victoria de Argentina, el entrenador de la selección egipcia utilizó este fuerte símbolo frente a las cámaras y las autoridades del partido como una denuncia explícita de «robo», injusticia o persecución arbitral.
Al verse perjudicado por las decisiones del juez en las jugadas decisivas del encuentro (lo que desató un final escandaloso y cargado de pulsaciones), el técnico recurrió a este ademán para manifestar que su equipo estaba siendo «esposado», sometido o privado de la justicia deportiva de manera deliberada, elevando su reclamo mucho más allá de una simple queja futbolística, sino por el mal trabajo del árbitro hacia su selección que se enfrentó con el conocido campeón mundial sudamericano.
El arbitraje de ese partido fue extremadamente polémico y se convirtió en el eje del escándalo mundial debido a una cadena de decisiones y desprolijidades técnicas muy pocas veces vistas en el fútbol de alto nivel.
La sensación de que se «arbitró mal» no vino solo de la temperatura de los jugadores o el gesto del DT de Egipto, sino de fallos concretos que rompieron el ritmo del juego y perjudicaron el espíritu deportivo. Los puntos clave de la controversia fueron:
1. El tiempo de descuento desmedido
El árbitro otorgó una cantidad inusitada de minutos de adición en el segundo tiempo. Si bien el fútbol actual tiende a recuperar todo el tiempo perdido por lesiones o simulaciones, los minutos añadidos superaron cualquier lógica estándar, permitiendo que Argentina empujara y consiguiera el gol del empate/victoria en una agonía reglamentaria que los egipcios consideraron una «extensión forzada» del partido para favorecer al equipo rival.
2. El caos del VAR y la suspensión del partido
El mayor error no fue solo técnico, sino de gestión del espectáculo. Tras el agónico gol argentino, se desató una invasión de campo y serios incidentes con petardos que obligaron a suspender el partido por razones de seguridad.
Lo insólito —y reglamentariamente desastroso— fue que el árbitro nunca pitó el final oficial, sino que mandó a los equipos al vestuario. Casi dos horas después, con el estadio vacío, obligó a los jugadores a volver a la cancha para:
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Revisar el gol argentino en el VAR.
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Anular el gol por fuera de juego.
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Jugar apenas tres minutos más con el marcador modificado.
3. La falta de autoridad y el «secuestro» del partido
Para el cuerpo técnico de Egipto, el arbitraje cedió ante la presión ambiental y mediática. Sintieron que las decisiones disciplinarias (tarjetas, faltas menores cortadas a favor de uno y no de otro) inclinaron la cancha psicológicamente en los últimos 20 minutos. El hecho de anular el gol argentino horas más tarde en un estadio vacío no limpió el error, sino que expuso el nivel de desorganización y la pérdida absoluta de control por parte de la terna arbitral.
En conclusión: Sí, se arbitró mal. Más allá de si los fallos técnicos finales fueron reglamentariamente correctos tras la revisión del VAR, la conducción del partido fue errática, rompió las garantías de juego limpio para ambos lados y generó un precedente de desprolijidad que justificó el profundo enojo y las protestas del plantel egipcio.
Este acontecimiento debe ser tenido en cuenta más allá de lo hecho por el DT por la forma en que maniobran los árbitros que se deben adecuar bien a las reglas del deporte sin dejarse influenciar por externas personas o instituciones que no están relacionados a las partes que se enfrentan en el partido.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
