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EL CANDIDATO
jueves, mayo 6, 2021
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Asunción

Mujeres y niños primero
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Quiso la tradición marinera consagrar aquel grito tan repetido en el cine catástrofe: mujeres y niños primero. Para ellos se reservaban los botes salvavidas y, si por ahí sobraba espacio, podrían acomodarse algunos hombres.

Pero la realidad está lejos del cine. A esa frase heroica se la vació de contenido para llenarla con lo peor de la condición humana: la cobardía miserable, la maniobra artera, el uso sobre todo de la niñez como elemento para “ablandar” conciencias, refrenar represiones y cargar de culpas a quien intenta resguardar el orden en la vía pública.

La inmensa mayoría de las madres prefieren deslomarse lavando ropa ajena, friendo empanas en la calle o empleándose como mucamas antes de exponer a sus hijos al rigor de la calle, a sus peligros y miserias. Pero hay excepciones, las que vemos a diario en los cruces de avenidas, con criaturas que apenas levantan un metro del suelo recorriendo vehículos detenidos ante los semáforos, lanzados al asfalto a generar lástima sin reparar en el enorme daño que esa vida les inflige a sus cuerpecitos, y sobre todo a su alma en formación que intenta entender el mundo que la roda y acecha.

No faltan las manifestaciones, por la razón que fuere, encabezadas por mujeres llevando niños en brazos o arrastrándolos al frente. Es la formación preferida por los invasores de propiedades o de espacios públicos. “La policía no se va a animar a tirar” es la consigna de primates que reina en estos episodios.

Esta metodología, como lo estamos comprobando recientemente, es usada sin contemplación alguna por la banda de criminales que opera en el norte. De nuevo: en las historias de corte épico, los últimos héroes caen cubriendo la retirada de los más débiles, al estilo del romano Horacio defendiendo el puente.

Los antihéroes de hoy, caricaturas patéticas vacías de todo principio, compromiso y humanidad, obligan a sus niños a cubrirles las espaldas mientras huyen como ratas para salvar el pellejo. Esas excrecencias humanas se permiten el lujo de emitir desde su encierro ridículas proclamas “revolucionarias” que no logran sin embargo ocultar la realidad de sus existencias dedicadas al bandidaje, el secuestro, la extorsión y el asesinato.

Las niñas caídas exponen la deforme mentalidad de quienes las usaron para escapar sacrificándolas. Y demanda a gritos se aclare la responsabilidad de quienes las ejecutaron con tanta saña.

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