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EL CANDIDATO
martes, junio 22, 2021
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“Modo Chovoreca-Agua Dulce”

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Cuando los incendios empezaron a afectar el norte del departamento del Alto Paraguay, hace poco más de un año, los productores movilizaron maquinaria, aportaron combustible, habilitaron fuentes de agua, afectaron personal y convocaron al Gobierno a dirigir el operativo de lucha contra las llamas.

Fue un ejemplo de cooperación público privada.

El ministro de la Secretaría de Emergencia Nacional se puso al frente del operativo del que participaron, además, un helicóptero hidrante y un avión CASA de transporte de la Fuerza Aérea, cinco aviones hidrantes (tres brasileños, dos argentinos y uno chileno), motoniveladoras, tractores, topadoras y camiones cisterna destacados por las empresas agropecuarias del sector. Además, las dotaciones de bomberos voluntarios de las colonias Menno, Fernheim y Neuland participaron por turnos de las tareas de combate de las llamas. Uno de los establecimientos del área habilitó su pista de aviación y puso a disposición el pabellón administrativo como sede del comando conjunto. Allí operaban las aeronaves y se concentraba la logística.

Entre los innúmeros cortafuegos que aquella frenética actividad produjo para ir cercando los focos de incendio, figura uno de dimensiones enormes: 40 metros de ancho y 50 kilómetros de largo, abierto en tiempo record para detener el fuego que avanzaba desde Bolivia hacia el norte del Chaco.

Eso se hizo hace un año. No hubo anuncios rimbombantes, convocatorias de prensa ni fotos de ministros con cara compungida. Se actuó y punto. Las fotos vinieron después.

El descontrol existente sobre los focos de incendio actuales evidencia la descoordinación de la tarea y, hay que agregarlo, la dispersión de los estallidos que obliga  a dispersar los recursos disponibles para combatirlos. La SEN y los cuerpos de bomberos voluntarios tienen experiencia suficiente para enfrentar los siniestros. Pero no pueden hacerlo todo solos. Necesitan el aporte de la comunidad, de las organizaciones de la sociedad civil que los apoyen  a cerrar brechas operacionales aportando trabajo y maquinas  adicionales, y sobre todo asistencia logística, acercando comida y agua a los combatientes.

La experiencia de Chovoreca-Agua Dulce de setiembre de 2019 fue un verdadero laboratorio de colaboración público privada en emergencia.

No estaría mal intentar repetir el modelo.

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