Por Benjamín Fernández Bogado
El escándalo suscitado en Brasil por el movimiento de divisas desde el Paraguay hacia los bancos de esa nación en el llamado Lava Jato y el escándalo que sumerge al ex presidente Cartes y su amigo del alma Messer, tendría que tener una claridad mucho mayor de parte del Banco Central del Paraguay. El banco que debería haber controlado este movimiento en su tiempo y no lo hizo y que ha delegado dicha tarea a Seprelad, que tampoco lo hizo, y menos la Fiscalía, con poca capacidad, conocimiento ni voluntad para hacer la tarea investigativa. Imagínense que el encargado de la sección de control de este movimiento, Juan Gustale del Banco Central del Paraguay, ahora es miembro del Directorio del Banco Nacional de Fomento con mandato vencido. O sea, ya tiene una larga tradición de no ver para nada los movimientos de divisas al interior del país y hacia el exterior. Y menos aún tener la voluntad de cumplir el mandato jurídico del cargo que ocupa en la actualidad.
En definitiva, cuando Paraguay pretende pasar la prueba de Gafilat, cada vez se demuestra que los mecanismos de control y de los términos del convenio que firmó nuestro país están muy distantes de la verdadera voluntad de cumplir aquello que manda la norma. Curiosamente, el Banco Amambay Sociedad Anónima o Banco Basa cayó estrepitosamente su movimiento de divisas en coincidencia con la detención de Darío Messer en Brasil. Una cuestión que tendría que haber llamado la atención, como mínimo a las autoridades para ver qué relación existía o existe entre ambas cosas.