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Las huellas que dejaron las cenizas del Ycuá Bolaños

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17 años pasaron del incendio que consumió sueños y de las puertas que cerraron el futuro de cientos de familias en el supermercado Ycuá Bolaños, la tragedia más grande que enlutó a todo un país.

El sábado 01 de agosto del 2004 proyectaba ser como un día cualquiera, pero nadie se imaginaba que en el transcurso de la mañana ocurriría uno de los sucesos más catastróficos del país, que costaría la vida a más de 400 personas y que dejaría huellas imborrables a otras 500.

David Cabañas, miembro del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Asunción (CBVA), se encontraba de guardia el día del suceso y recordó que al ser convocado para apagar las llamas del Ycuá no se imaginaba siquiera  la magnitud de lo que se estaba tratando.

“En la unidad de bomberos siempre nos entrenan para saber manejar cualquier tipo de situación, pero nadie estaba preparado para un incendio de esta magnitud”, contó.

David comentó que se encontraba a un costado del local, específicamente sobre la calle Artigas, donde se encontraban con su grupo de camaradas y civiles tratando de apagar el incendio y abrir un boquete para ingresar al lugar. 

“Ya no solo se trataba de bomberos trabajando, sino también de los civiles que nos ayudaban a abrir una beta y así poder apagar el incendio que estaba consumiendo de forma voraz todo el lugar”, señaló

El bombero relató que al momento de entrar al lugar no se podía visualizar nada por el intenso humo, por lo que derramaban los chorros de agua hacia donde sentían más calor y pensaban que se encontraba algún foco de incendio.

Recordó además que desde el momento que entró en el lugar se tropezaba cada rato y creía que se trataba de los escombros que cayeron del techo, pero grande fue la sorpresa cuando se dio cuenta que, no se trataba de algún pedazo de lona, sino eran cuerpos carbonizados.

“Todos los cuerpos estaban tirados uno encima de otro, por lo que era muy difícil caminar. También el susto que nos llevamos cuando nos dimos cuenta que eran personas muertas quienes estábamos pisando para hacernos paso hacia el fuego”, expresó el bombero.

Así también, comentó que vivieron momentos de impotencia cuando aparecían frente a ellos personas desesperadas que se tiran el agua en la cara, con el fin de mitigar las quemaduras.

“Me acuerdo que sentíamos que nos tiraban de las piernas o nos tocaban la espalda pidiendo ayuda. Nosotros tirábamos la manguera y les socorríamos de forma inmediata. Había un señor que se resistía a salir del supermercado, y le tuvimos que llevar a la fuerza, pero en el camino nos dice desesperado que rescatemos a su esposa que estaba atrapada entre los escombros”, recordó con pesar David.

 EL RECUERDO

David comentó que hasta la actualidad sigue recordando con claridad cada uno de los momentos que vivió durante el incendio, desde el intento de romper un panel de luz para ingresar al lugar, hasta los cuerpos que yacían esparcidos en el piso.

Igualmente, dijo que por muchos años no pudo conciliar el sueño debido a las pesadillas que tenía, al igual que algunos de sus compañeros, quienes tuvieron que ir a terapia para poder borrar las terribles imágenes de sus mentes. 

“Cuando cerraba mis ojos para dormir, sentía que estaba en ese momento preciso otra vez, sentía cómo la gente tiraba del pantalón o me tocaba el hombro pidiendo ayuda”, dijo.

CASO YCUÁ BOLAÑOS

La tragedia se inició en la parrilla del patio de comidas del supermercado, ubicado en el barrio asunceno de Trinidad, como consecuencia de la falta de mantenimiento, según reveló la investigación del caso.

Las pesquisas demostraron además que el propietario del supermercado, Juan Pío Paiva, ordenó que se cerraran las puertas cuando se declaró el fuego para evitar robos, lo que provocó la elevada cifra de fallecidos.

Paiva fue condenado a 12 años de prisión por homicidio doloso, exposición de personas al peligro y omisión de auxilio, aunque solo cumplió ocho años de su pena, ya que salió en libertad por buena conducta.

Aunque hayan pasado 17 años de dicho acontecimiento el dolor sigue tan presente en cada una de las personas, quienes perdieron a sus seres queridos, como también siguen pidiendo justicia por los que ya no están.

El lugar se convirtió en un museo conmemorativo, en honor a todas aquellas personas quienes perdieron sus vidas y todos los años se lleva a cabo una acto en memoria de todos los fallecidos.

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