jueves, junio 18

La confrontación

En estos tiempos, en la búsqueda de asumir nuestra propia personalidad, de profundizar nuestro “yo” internamente, revisar nuestras creencias, en el proceso de lo que hemos aprendido y lo que va transformándose en constantes cambios, vemos como un desafío, cuidar la salud mental, y sobre todo confrontar situaciones, que reprime, que echa para bajo la autoestima, decir: ¡basta! a lo que nos gobiernan que van en contra de lo que nos impide alcanzar la felicidad.

En tal sentido, aquellas situaciones desagradables, que pisotean la esencia, los principios, los valores, y todo lo que creemos y confiamos que nos hacen bien; ocurre que muchas veces, nos encontramos con una personalidad enmascarada, y reprimimos las emociones, no sacamos por fuera nuestros pensamientos, se llega a sufrir y vivir en angustia al creer que al confrontar todos esos fantasmas, empeorara el conflicto.

He leído o creo haber escuchado en un Podcast, la idea de la confrontación, llegando a la conclusión de que: confrontar a alguien, a algo, o una situación no es un conflicto, es la falta de confrontación es la que agranda al conflicto. Cuando no nos atrevemos a tener o a sostener esas conversaciones incómodas, confrontar aquella situación que nos hace sufrir, que son necesarias para apagar ese conflicto, entender que “acumular” hace daño a la salud física y mental, y que solamente   genera más confusión y dolor.

Por lo tanto, es importante empezar a identificar esas actitudes y/o comportamientos, a evolucionar, matar aquellas inseguridades, siendo responsables, y confrontar aquellos conflictos con valentía.