Es un título no sólo fuerte sino sacudidor porque la palabra patología se refiere a una enfermedad, lo que nos puede hacer cambiar el título a Juventud enferma”, que es el rótulo de un artículo por el franco polaco Daniel Foubert que no solo critica a la juventud francesa sino podríamos decir que a la del planeta, porque somos un colectivo común en el mundo.
Colectivo que según Foubert presentamos una serie de problemas en nuestra forma de sentir, pensar, actuar o “trabajar” aun teniendo acceso a tanta información y/o conocimiento al alcance de nuestras manos con acceso a la red internacional. Sostiene que parte de los jóvenes ha desarrollado arrogancia, conformismo y dependencia de las opiniones del grupo, en lugar de criterio propio. En un relato autobiográfico cuenta que ya de adolescente observaba esa presión hacia la conformidad social.
También critica lo que considera falta de disciplina, autoridad y exigencia educativa, contrastándolo con su experiencia escolar anterior, cuando —según él— los profesores antes ejercían una autoridad más fuerte que volvía a los alumnos más resilientes y capaces de resistir lo que hoy día es denunciado cómo acoso, “bullying” o cualquier cosa que perjudique, dale o afecte nuestra psicología.
Una que por ser muy frágil o “vulnerable”, y nos hace o vuelve endebles a cualquier desafío que antes nuestros padres, tíos o abuelos los enfrentaban y superaban con facilidad.
Un desafío para los jóvenes
Es un artículo provocador porque en sus líneas y palabras fríamente nos “toca la oreja” o desafía a que nos miremos al espejo y notemos nuestras falencias cómo generación que por tener acceso a herramientas de comunicación o información muy avanzadas creemos que “dominamos el mundo”, más para lograr tener el título de “dominadores” debemos contar con mucha experiencia, conocimiento y trabajos completados individual y colectivamente.
Daniel Foubert tiene formación en;
Licenciatura en Historia – Universidad Paris-Sorbonne.
Licenciatura en Civilización Polaca – Universidad Paris-Sorbonne.
Máster en Relaciones Internacionales – Universidad Paris-Sorbonne.
Máster en Finanzas – NEOMA Business School.
Podríamos decir que no es tan joven porque nació en 1950, lo que nos indica que tiene 76 años. Tiempo de vida que a su vez nos enseña que habrá visto y vivido más cosas que cualquier joven no solo del Paraguay sino del mundo. Sus líneas de investigación se centran en la geoeconomía de Europa Central, la integración económica regional y los ciclos sistémicos globales, abordando a la juventud como objeto de estudio social o patológico para las generaciones que nos anteceden, que cómo nuestros hijos, sobrinos o alumnos de lo que sea.
Debemos intentar dejar buenos ejemplos de resiliencia, resistencia y superación para que no se muestren débiles ante cualquier amenaza y se quiebren, molesten o quejen sobre lo que les asuste, moleste o impida avanzar en sus planes académicos, laborales o de cualquier compromiso que tengan en sus vidas.
Su artículo es una llamada de atención a mi generación, que, aunque no nos guste, estoy de acuerdo con el polaco francés, debemos remangarnos, lavarnos el rostro con agua fría y despertar del letargo, comodidad, espíritu, o “zona de confort” y dejarnos de ser “panchos”, quebradizos o suaves a tonos de voz, miradas o expresiones o llamadas de atención que sean “ofensivas”, denigrantes” o nos produzcan malestar y “ponernos los pantalones” largos,. Hacernos de coraje y encarar los compromisos que tengamos en nuestro hogar, barrio, trabajo, estudios o con cualquier comunidad de personas con las que hagamos algo determinado y no solo quedar bien particularmente sino pensar que existen otros jóvenes en nuestras familias, ciudades, países y donde sea que pueden beneficiarse si solo uno de nosotros resalta en lo que haga. Hagámoslo por vergüenza al menos.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
