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viernes, octubre 22, 2021
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Huelga de hambre
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Si la van a hacer, que la hagan en serio

Las huelgas de hambre han tenido, a lo largo de la historia, una gran carga de simbolismo. Su eficacia depende del alto grado de prestigio, aceptación social, liderazgo político y determinación personal que presente quien la ejecuta. Esta combinación de factores debe producir un efecto potente sobre el poder para doblegar su voluntad y obligarlo a aceptar una exigencia expuesta al inicio de una medida tan extrema.

Tomaremos dos ejemplos históricos: Mahatma Gandhi y Bobby Sands.

La India de posguerra (WWII) era un caldero político en plena ebullición. Todo había empezado en los años ’30, con la carrera fulgurante de un líder que encabezó la “marcha de la sal” para restituir a los indios el derecho a extraer el mineral de los depósitos costeros del mar de Omán, lo cual era un monopolio británico. El liderazgo de Gandhi se fortalecería con varios episodios de prisión y finalmente, con una serie de huelgas de hambre que finalizó con el reconocimiento de la soberanía de la India, proclamada en 1947, año en que el pabellón británico sería arriado definitivamente en tierras de la “joya de la corona”. Pero aquello era apenas el comienzo. Gandhi debió apelar de nuevo a privarse de alimentos para detener la sangrienta guerra civil desatada entre hindúes y musulmanes. Lo logró después de 21 días de ayuno.

En mayo de 1981, en una prisión de las afueras de Belfast, Irlanda del Norte, el activista del IRA (Ejército Republicano Irlandés) Bobby Sands inició una huelga de hambre que terminaría con su muerte, luego de 66 días. Sands lideraba, junto con otros presos, una lucha por mejorar las condiciones de vida en la prisión que eran salvajemente represivas. Exigía el derecho a llevar su propia ropa, a no hacer trabajos en la cárcel y otras reivindicaciones. Siete de los camaradas de Sands estaban al borde de la muerte cuando la Primera Ministra Margaret Thatcher, que se negaba terminantemente a negociar, aflojó y dio inicio un proceso que cambiaría para siempre el clima político y social en Irlanda del Norte.

Para que una huelga de hambre tenga sentido debe torcer la voluntad del poder. No se limita a tender una carpita, ponerse una vincha y llamar a la tele para que entreviste a los huelguistas. Algunos maestros que dicen representar al gremio hicieron el correspondiente lanzamiento. Veremos, con el paso de los días, hasta donde se animan a llegar.

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