jueves, abril 23

Generaciones y poder

Hoy día aunque se destaque el trabajo individual, a su vez estamos concentrados en lo colectivo o las generaciones de personas, habituamos a compararlas, y decir que una es mejor que otra por su capacidad de producir, asumir compromisos, o ser más resistentes que las recientes generaciones de seres humanos. A veces en ese  molesto ejercicio de contrastar el uno con el otro en el tiempo, nos molesta a las recientes generaciones hasta existir con nuestros mayores, que  aunque tengan razón de calificar cómo “generación de cristal”, “nativos digitales” o cómo  llamen a la generación que integro desde hace más de 30 años, se hace poderosa no por solo tener a un referente en la misma que se haya vuelto millonario, campeón en algún desafío deportivo o logrado algo en particular sino sobre todo si quienes forman parte de una generación específica llegan entre todos a metas que beneficien a cualquier comunidad, cómo lo hacen equipos de fútbol que compiten en cualquier campeonato.Una vez se hayan consagrado en un torneo también se hacen del poder presumir con legitimidad sus logros. 

Por ejemplo ahora quienes forman parte de la generación Z (1995-2010) son los que tienen la sartén por el mango gracias a la tecnología. Habiendo nacido en la década de los 80 y creyendo que se todo por tener conocimiento y uso de herramientas digitales, me equivoco en dimensiones muy grandes, porque cómo es natural cualquiera que sea más joven dónde, cuándo y cómo sea tiene la ventaja de conocer y manejar mejor las novedades que cualquier mayor de edad o “geronte” cómo dice un amigo a quienes hayan nacido desde 1960 para arriba o abajo no entiendan cómo funcionan los teléfonos “inteligentes”.

Las generaciones que pasan

En realidad la vejez no debe ser calificada por cómo uno luzca, se exprese o reaccione a cualquier estímulo, sino sobre todo por cómo uno sea y piense sobre lo que ocurra en algún sitio, momento, condición o ser vivo en particular. Los más jóvenes de la generación que seamos debemos entender que cualquiera al envejecer no lleva consigo la juventud que alguna vez existió en sus vidas, por eso nos toca empatizar con nuestros abuelos, padres, tíos o cualquiera en los entornos sociales que conozcamos y sean mayores de edad. Mostrarles y explicarles cuales son y para qué y cómo funcionan los dispositivos que pueden ser útiles también para ellos, que deben mostrarse abiertos a conocer bien los dispositivos que nos pueden ayudar a comunicarnos, ofertar, vender o comprar lo que exista en oferta en cualquier tienda o controlar el estado de nuestras propiedades vigiladas no por personas sino por nosotros mismos y las cámaras que hayamos dejado en la oficina, nuestras casas o donde vivamos. 

El poder es tener expedita la facultad o potencia de hacer algo, más nunca debemos olvidarnos que en la tierra no vivimos solos, en este planeta se encuentran niños, adolescentes, jóvenes, adultos, mujeres, personas de distintos géneros, orígenes étnicos, tendencias políticas, religiones y gustos en particular. Por eso no debemos pelear entre quienes seamos parte de la población no solo en competir entre nosotros en torneos deportivos o competencias de cualquier tipo, sino ser conscientes que el niño no es ni será nunca  igual al adulto o este a la “criatura”, la diferencia del uno a otro es algo natural desde siempre y lo que nos ayudó a evolucionar cómo especie es la capacidad de entenderlo y crear métodos y formas de comunicación entre cualquier terráqueo que quiera enseñar o aprender algo en particular.
Todo paara que se haga de poder intelectivo suficiente para servir adecuadamente en su empleo, casa o donde trabaje con otras personas mayores o menores.  Ese es el gran reto.