miércoles, abril 29

Filosofía digital / Félix Giménez

En este tiempo que nos toca vivir, lo digital ha cambiado no solo nuestras
herramientas, sino también nuestra forma de ver el mundo. Es entonces cuando la
denominada “filosofía digital” surge para cuestionar de manera necesaria el cómo la
tecnología transforma la esencia humana, sea para bien o para mal. No solo cuestiona
la ética moderna, sino la percepción de la realidad misma. ¿Somos dueños de todos
nuestros datos o esclavos de plataformas y algoritmos? Ese tipo de preguntas ya no
es ciencia ficción.

Hay que comprender el hecho de que la velocidad de la información en estos días ha
alterado nuestra capacidad de reflexión. Las redes sociales priorizan lo inmediato, lo
sensacionalista, lo polarizado, dejando poco o nada al pensamiento crítico. La filosofía
digital debe combatir esta superficialidad, haciéndonos ver que no todo lo que se ve en
pantalla es verdad. Si un algoritmo puede fabricar arte o tomar decisiones morales
como la de disparar un misil, ¿qué nos hace únicos como civilización en el cosmos?

La respuesta no es la tecnología, sino nuestra voluntad para cuestionarla, de
cambiarla. No todo es negativo; lo digital ha permitido la creación de espacios de
aprendizaje online que han democratizado el pensamiento, llevando la filosofía, el arte
y las ciencias más allá de colegios y universidades. Pero todo ese potencial se ve
amenazado por las diferencias de poder entre países y regiones. La filosofía digital
debe ser como una antorcha que nos guíe a un uso humano de la tecnología.

La filosofía digital no es un lujo, sino una necesidad. Hay que aceptar que la tecnología
no es neutral: refleja los valores de sus creadores. Por eso, la tarea de la filosofía es
asegurar que esos valores sean humanos, en un mundo cada vez más automatizado.