lunes, mayo 4

Excusas baratas

Por Benjamin Fernández Bogado

 

El presidente de la República afirmó que su incompetencia para lidiar con la burocracia le deviene derecho de venir del sector privado. Esa no es una afirmación correcta. Abdo viene de haber sido cinco años senador de la República y anteriormente era dueño de una empresa de asfalto que vendía sus productos al Estado paraguayo. O sea, conoce muy bien el Estado desde un lado del mostrador y desde el otro. O sea que no puede aducir que desconoce a la burocracia y la considera una especie de pora mitológico que le impide llevar adelante su programas de gobierno.

También tiene los instrumentos para acabar con esa burocracia si deseara hacerlo, pero no lo quiere hacer. Y eso demuestra el hecho de que haya confiado la llamada reforma del Estado a su vicepresidente, que tiene a toda la parentela y probablemente incluido el perro, dentro de la nómina de pago mensual del Estado paraguayo. Y tampoco lo puede hacer su hermano, el ministro de Hacienda. Entonces no hay una voluntad de domar, de acabar, de reducir, de morigerar el impacto de la burocracia con ese tipo de ejemplos. El presidente lo primero que le debe al país es sinceridad de propósitos. Tiene que decir hasta donde puede hacer, qué es lo que puede hacer y qué es aquello que le supera por completo. Pero no nos puede decir de que gran parte de su fracaso se deviene del hecho que él, como Mazzoleni vengan del sector privado y hayan desconocido por completo el tamaño y el volumen del ogro filantrópico que les toca administrar.