En este mundo la variedad es lo que predomina, existen a quienes les gusta hablar, escuchar sus voces y la de otras personas, otras gustan de escuchar “música” a decibeles irritantes, así y todo, tener ocupados nuestros oídos es algo natural, cómo, el respirar o ver lo que nos rodee, escuchamos u oímos lo que podamos o queramos mientras lo podamos hacer. Hay personas que viven con el silencio cómo los sordos, imagínese no escuchar nada por ser cómo ellos.
Para quienes tienen en cuenta las reflexiones de filósofos, ahora Byung Chul Han dice que; “Quedarse en casa y estar en silencio es la forma más lúcida de resistencia”. galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025, defiende el regreso al hogar como acto de subversión. Hay personas que nos aburrimos de estar en casa y buscamos salir de la misma para continuar nuestras vidas en paz y armonía, disfrutamos de pequeños o largos viajes a donde sea.
Siempre con paz y compañía que no aturda y esté concentrada en nuestros mensajes y no distraída con ruidos visuales o sonoros que existen de ambos y nos damos cuenta de eso con el sencillo hecho de navegar por nuestras redes sociales, donde existen personas socializan sonidos o imágenes incómodas. Agrega que al capitalismo contemporáneo, según Han, “odia el vacío y el silencio” y nos lleva a adquirir audífonos, parlantes para tener nuestra música o sonido que nos guste cerca o sonando fuerte para nosotros, nuestros vecinos, compañeros de estudio, trabajo o vivienda.
El retorno al lar
Lugares que fueron perdiendo la comodidad y atractivo de siempre, ahora buscamos ruidos o salir de nuestros hogares, no estar con la familia o seres humanos cercanos a nuestra vida desde siempre, hablar con ellos y compartir ideas, vivencias particulares o posturas sobre lo que nos haya llamado la atención en el país o el mundo. Con la llegada de la red internacional ya se ha vuelto hasta más atractivo que lo que ocurre en el en el planeta que en nuestro barrio, ciudad, país y casa que tienen mucho ruido sonoro, climático y visual, lo que nos exige tener cuidado y atención con nuestros entornos porque son donde vivimos, estudiamos o trabajamos diariamente.
Y las redes sociales han anulado la capacidad de descanso de las personas. Frente a la dinámica de exposición permanente, no socializamos ideas sino nos importa más ser vistos o sentidos por nuestros “amigos”, seguidores o suscriptores, buscamos que den un like o me gusta a cualquier publicación, que sean compartidas o que las cifras de la cantidad de veces que fueron vistas aumenten por personas que no conocemos realmente, pero damos confianza al número que nos muestre la red social que usemos.
Agrega que quedarse en casa se convierte, según su análisis, en la única vía para desactivar el mandato de la productividad total que no está mal producir porque es la razón de nuestros estudios, experiencia o intención en nuestras vidas. Además, nos sirve para poder cubrir los costos de nuestra vida o de quienes dependan de nosotros; hijos, padres, abuelos o algún ser querido que nos preocupe su estado de vida.
El filósofo defiende que es precisamente en esos periodos improductivos, anónimos y silenciosos donde las personas recuperan su soberanía y dejamos de depender de lo material. ¿Que les parece?

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
