miércoles, julio 1

EL PORQUÉ DEL CÁNCER

El cáncer no es una sola enfermedad, sino un término amplio que se utiliza para describir a un grupo de más de 100 enfermedades diferentes que tienen una característica común: la multiplicación descontrolada de células anómalas que pueden invadir otras partes del cuerpo, perjudicando nuestra inmunidad ante cualquier enfermedad o amenazas que tengamos en nuestros entornos y la misma vida.

El cáncer es provocado por daños o mutaciones en el ADN de las células, los cuales alteran las instrucciones genéticas que les dicen cómo crecer y dividirse. El oncólogo y científico Silvio Garattini de 97 años dice que; «El 40% de los cánceres se deben a nuestro estilo de vida actual». 

El prestigioso científico revela cómo pequeños cambios diarios y una alimentación moderada pueden evitar cuatro de cada diez tumores, transformando por completo la prevención médica y longevidad actual que a muchos preocupa y por eso se someten a exigentes tareas físicas, dietas que sirvan para su salud interna o externa o cirugías plásticas que pueden ser peligrosas para su salud. 

Aprender a vivir

Garattini afirma con rotundidad que el 40% de los cánceres se deben a nuestro estilo de vida actual. Sus conclusiones encienden el debate internacional sobre la salud pública y demuestran cómo unos hábitos cotidianos modificados a tiempo tienen el poder real de frenar el impacto de los tumores antes de que aparezcan, transformando por completo nuestra visión de la medicina moderna y el bienestar diario. 

Es Importante modificar ciertas conductas diarias es la herramienta más poderosa que tenemos para proteger nuestras células:

  • Evitar por completo el tabaco: No fumar y evitar el humo de segunda mano (fumadores pasivos). El tabaco está relacionado con al menos 15 tipos de cáncer diferentes.

  • Mantener un peso corporal saludable: El exceso de grasa corporal altera los niveles hormonales y genera una inflamación crónica en el cuerpo que facilita el desarrollo de tumores.

Tener una alimentación protectora:

  • Aumentar: El consumo de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales (ricos en antioxidantes y fibra que protegen las paredes del colon).

  • Reducir: El consumo de carnes rojas y, sobre todo, de carnes procesadas (embutidos, jamón, tocino, salchichas), catalogadas por la OMS como carcinógenos directos.

A estas recomendaciones se añade;

Limitar o evitar el alcohol: No existe un nivel de consumo de alcohol que sea completamente seguro para prevenir el cáncer. A menor consumo, menor riesgo.

Mantenerse físicamente activo: Realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana (caminar rápido, andar en bicicleta) ayuda a regular las hormonas y fortalece el sistema inmunitario.

Protegerse del sol: Evitar la exposición directa en las horas pico (10:00 a 16:00), usar protector solar diariamente (FPS 30 o superior) y evitar  las camas de bronceado artificial.

Y vivir en paz, sin sobrecargarse de compromisos o lo que pueda perjudicar sus células cómo;

1. El Estrés oxidativo (Radicales libres):

El estrés oxidativo ocurre cuando hay un desequilibrio entre los radicales libres (moléculas inestables que dañan la célula) y los antioxidantes que el cuerpo produce para neutralizarlos.

  • Daño a la membrana: Los radicales libres oxidan los lípidos de la membrana celular, volviéndola rígida y afectando la entrada de nutrientes.

  • Ataque al ADN: Pueden romper las cadenas de ADN, provocando mutaciones que, si no se reparan, pueden dar origen a células cancerígenas.

2. Factores ambientales y toxinas:

El entorno en el que vivimos y los hábitos diarios introducen compuestos que interfieren directamente con la maquinaria celular:

  • Radiación ultravioleta (UV) e ionizante: La luz solar en exceso rompe enlaces químicos en el ADN de las células de la piel, mientras que las radiaciones de rayos X o gamma dañan los componentes internos de forma más severa.

  • Toxinas químicas y metales pesados: El humo del tabaco, el alcohol, la contaminación ambiental y metales como el plomo o el mercurio inactivan enzimas vitales y dañan las mitocondrias (las centrales energéticas de la célula).

  • Glucación por exceso de azúcar: Un nivel crónicamente alto de glucosa en sangre reacciona de forma espontánea con las proteínas celulares, creando compuestos llamados AGEs (Productos Finales de la Glicación Avanzada) que endurecen los tejidos y causan inflamación.

3. Disfunción mitocondrial y celular interna:

A veces el daño proviene de errores en los propios sistemas de limpieza y energía de la célula:

  • Fallo en la autofagia: La autofagia es el sistema de reciclaje de la célula (elimina proteínas defectuosas y orgánulos dañados). Con la edad, el estrés crónico o la mala alimentación, este mecanismo se ralentiza, acumulando «basura celular».

  • Agotamiento mitocondrial: Si las mitocondrias se dañan, la célula se queda sin energía ($ATP$) para realizar sus funciones básicas de reparación y entra en un estado de senescencia (células «zombi» que no se dividen pero causan inflamación a su alrededor).

Las conclusiones de Garattini encienden el debate internacional sobre la salud pública y demuestran cómo unos hábitos cotidianos modificados a tiempo tienen el poder real de frenar el impacto de los tumores antes de que aparezcan, transformando por completo nuestra visión de la medicina moderna y el bienestar diario. que no se limita a incidir en nuestras vidas por un tiempo determinado sino incide en la misma por siempre.