domingo, octubre 4

El Niño pone a Paraguay bajo alerta: cómo puede afectar a niñas, niños y adolescentes, según Unicef

Paraguay aparece entre los países sudamericanos donde El Niño puede provocar lluvias superiores al promedio, según una alerta de UNICEF que estima que 25,8 millones de niñas, niños y adolescentes están expuestos a sequías o inundaciones severas en América Latina y el Caribe. El riesgo trasciende al clima: inundaciones pueden interrumpir escuelas, servicios sanitarios y sistemas de agua segura.

¿Por qué Paraguay aparece en la alerta de UNICEF?

El fenómeno de El Niño ya se consolidó y continuará fortaleciéndose durante los próximos meses. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) calcula una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027 y prevé que alcance una intensidad muy fuerte antes de llegar a su punto máximo hacia finales de este año.

Sus consecuencias, sin embargo, no serán iguales en toda  Latina. Mientras algunas regiones enfrentarán déficit de precipitaciones y sequías, UNICEF incluye a Paraguay, junto con zonas de Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay, entre los territorios donde se esperan lluvias superiores al promedio.

Ese escenario incrementa el riesgo de inundaciones, daños en infraestructura e interrupciones en escuelas, servicios de salud y sistemas de abastecimiento de agua. La advertencia no significa que esos efectos ocurrirán necesariamente en todo Paraguay ni con la misma intensidad, sino que determinadas zonas están expuestas a condiciones que requieren preparación anticipada.

¿Qué tiene que ver una inundación con los derechos de la niñez?

Una inundación no afecta únicamente viviendas y caminos. Cuando el agua alcanza una comunidad puede desencadenar una cadena de problemas que termina afectando simultáneamente varios servicios esenciales para niñas, niños y adolescentes.

Una escuela inundada o utilizada temporalmente como refugio puede suspender las clases. Un camino cortado puede impedir que estudiantes lleguen a sus instituciones educativas o que una familia acceda a un puesto sanitario. Si un sistema de agua potable resulta contaminado o deja de funcionar, aumenta además la exposición a enfermedades.

Por eso, UNICEF analiza el impacto de El Niño desde cinco dimensiones relacionadas: alimentación y nutrición, agua y saneamiento, salud, educación y protección. El organismo advierte que los eventos climáticos pueden profundizar vulnerabilidades que ya existían antes de una emergencia.

La estimación regional dimensiona ese riesgo. Al menos 25,8 millones de niñas, niños y adolescentes, aproximadamente uno de cada siete en América Latina y el Caribe, viven en municipios donde se pronostican los impactos más severos por exceso o déficit de precipitaciones asociados a El Niño.

¿Por qué el agua puede convertirse en un problema sanitario?

El exceso de precipitaciones puede producir una paradoja: hay agua en todas partes, pero disminuye el acceso a agua segura para consumo humano.

Las inundaciones pueden dañar redes de distribución, pozos, sistemas sanitarios y otras infraestructuras. También pueden contaminar fuentes de abastecimiento, aumentando la exposición de las familias a enfermedades vinculadas con agua no segura.

Para niñas y niños, especialmente los más pequeños, una interrupción prolongada de servicios básicos puede combinar problemas sanitarios con dificultades de alimentación y nutrición. Por eso UNICEF plantea que la respuesta ante El Niño no debe comenzar únicamente después de una inundación, sino mediante medidas anticipatorias que permitan proteger servicios esenciales antes de una emergencia.

El organismo también señala que las desigualdades preexistentes pueden determinar la gravedad del impacto. Una familia con acceso estable a servicios, transporte y recursos económicos tiene mayores posibilidades de responder ante una emergencia que otra situada en una comunidad aislada o con infraestructura deficiente.

¿Cómo puede El Niño interrumpir la educación?

El vínculo entre clima y educación no se limita a la destrucción física de una escuela. Inundaciones, tormentas y olas de calor pueden provocar suspensiones de clases, dificultades de traslado y pérdida de continuidad educativa.

UNICEF informó en septiembre que más de 171 millones de estudiantes de 87 países sufrieron interrupciones escolares asociadas a peligros climáticos durante 2025, principalmente por tormentas, inundaciones y olas de calor.

En el escenario actual, el organismo vuelve a señalar a las escuelas como uno de los servicios que podrían sufrir interrupciones por los efectos de El Niño en América Latina y el Caribe. En Paraguay, la exposición prevista está asociada principalmente al exceso de precipitaciones y al riesgo de inundaciones.

El impacto tampoco termina cuando baja el agua. Los daños en edificios, caminos, sistemas eléctricos o sanitarios pueden prolongar la suspensión de actividades y exigir recursos públicos para recuperar infraestructura.

¿Los 25,8 millones de niñas, niños y adolescentes ya están afectados?

No. Esta distinción es fundamental para interpretar correctamente la alerta.

Los 25,8 millones son una estimación de población expuesta, no un recuento de niñas, niños y adolescentes que ya hayan sufrido daños. UNICEF elaboró el cálculo a partir de proyecciones sobre los municipios que podrían enfrentar los déficits o excesos de lluvia más severos durante esta temporada.

El análisis utiliza estimaciones oficiales nacionales, evaluaciones humanitarias, bases de datos sobre riesgos climáticos para la niñez y modelos de exposición. UNICEF advierte expresamente que las cifras son preliminares y pueden modificarse a medida que evolucione El Niño.

Tampoco significa que 25,8 millones correspondan a Paraguay. La cifra comprende toda América Latina y el Caribe. La alerta disponible identifica a Paraguay dentro de las áreas potencialmente expuestas a exceso de precipitaciones, pero no proporciona en ese informe una cantidad específica de niñas, niños y adolescentes paraguayos bajo riesgo.

¿Qué se puede hacer antes de que lleguen las inundaciones?

La principal recomendación de UNICEF es pasar de una respuesta exclusivamente posterior al desastre a una estrategia de acción anticipatoria.

Eso supone utilizar pronósticos meteorológicos y análisis territoriales para identificar previamente las comunidades más expuestas, preparar insumos, reforzar servicios esenciales y establecer mecanismos que permitan responder antes de que una inundación provoque interrupciones prolongadas.

El organismo plantea tres prioridades: invertir en acciones anticipatorias, disponer de financiamiento flexible que permita reaccionar según los pronósticos y aumentar los recursos destinados específicamente a servicios esenciales para niñas, niños y adolescentes.

El problema también es presupuestario. Para 2026, UNICEF solicitó US$ 53,8 millones destinados a preparación y respuesta ante emergencias en América Latina y el Caribe, incluyendo medidas frente a los impactos previstos de El Niño. Al 30 de junio, permanecía sin cubrir el 55% de ese financiamiento.

¿Qué debería observar Paraguay durante los próximos meses?

La alerta internacional funciona como un escenario de riesgo y no como un pronóstico exacto de daños. La propia OMM advierte que El Niño modifica las probabilidades de determinados patrones climáticos, pero sus efectos locales también dependen de otros factores atmosféricos y oceánicos. Para decisiones territoriales deben utilizarse los pronósticos de los servicios meteorológicos nacionales y regionales.

Para Paraguay, el dato relevante es que tanto la evolución internacional del fenómeno como la evaluación regional de UNICEF justifican prestar atención al exceso de lluvias y las posibles inundaciones, especialmente donde la infraestructura y el acceso a servicios esenciales presentan mayores vulnerabilidades.

La diferencia entre una amenaza climática y una crisis para la niñez puede estar, precisamente, en esa preparación. El Niño no determina por sí solo cuántas escuelas cerrarán, cuántos sistemas de agua serán afectados o cuántas familias quedarán aisladas. Esos efectos dependerán también de dónde ocurran los eventos, de la infraestructura disponible y de la capacidad institucional para anticiparse y responder.