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Editorial

El concejal sambukú

De la celda al curul, dos veces por semana

El tipo está con prisión preventiva con un expe­diente judicial abierto por enriquecimiento ilí­cito, lavado de dinero y declaración jurada fal­sa. Antes de que el juez iniciara el sumario, el indiciado fungía de concejal municipal, cargo que sigue manteniendo porque las cámaras del Congreso y las juntas municipales han cerrado filas corporativamente y exigen que para casar una representación se necesita “sentencia firme y ejecutoriada” pesando sobre el reo. El caso que nos ocupa es para Ripley: el juez le ha dado permiso al procesado con prisión preventiva para salir dos veces a la semana para ejercer su función. Tal vez no sea el primero pero sí es un conspícuo caso de concejal sambukú.

La velocidad con la que se ha ido deteriorando la calidad de la representación popular es verti­ginosa. Hemos ido naturalizando las aberracio­nes más escandalosas. Ya sabemos que hay po­líticos a los que literalmente “no les entra bala” ni disparándoles con munición de caza mayor. La coraza de la que han ido revistiéndose con años de ejercicio del cinismo más redomado los ha vuelto inmunes incluso a la justicia.

Lejos han quedado los días en que los car­gos electivos por voluntad ciudadana eran reservados a ciudadanos intelectualmente superiores, honorablemente intachables y de probada rectitud política. Es como si una conspiración general hubiera decretado la caducidad de todos esos valores para reempla­zarlos por el aventurerismo y la desfachatez en combinación con la desintegración moral y la miseria intelectual más deplorable.

Estamos discutiendo hace años de quién es la culpa de que los mejores valores de la democracia republicana estén siendo mal­versados de forma tan miserable. El hecho de que aún no hayamos llegado a alguna conclusión válida revela la profundidad de la crisis y la urgencia con la que debemos encarar una revisión completa de nuestro sistema político. El que tenemos hoy ha tocado fondo y ya no sirve para la dinámica de un mundo en permanente cambio.

Dice el tango de Discépolo que “hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador…”

En algún momento, esta sociedad tendrá que deshacerse de la vieja piel. Mientras tanto, su mejor “emblema” es el concejal sambukú. Más vergüenza imposible imaginar.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Jhojanni Fiorini, Juan Martínez.

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