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sábado, enero 22, 2022
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El absurdo de la ONU
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Edmundo Rada llevaba dos días desaparecido. Lo encontraron finalmente al costado de un camino, con un tiro en la nuca y el cuerpo parcialmente calcinado. La cabeza estaba envuelta en una bolsa de plástico y el rictus del rostro, perfectamente preservado, denotaba rastros de tortura y asfixia. Rada era legislador municipal, padre de una numerosa familia y un respetado dirigente político en su municipio de origen.

Esto ocurrió en Venezuela, país al que acaban de elegir en las Naciones Unidas para integrar un Consejo cuya misión es la promoción de los derechos humanos en todo el mundo. 

¿Perdieron la chaveta en la ONU? ¿A qué están jugando? ¿No saben acaso que el tirano que manda en Venezuela encabeza uno de los regímenes más brutales jamás instaurado en América Latina, continente con una larguísima y triste historia de tiranías similares? ¿Ignoran que, como si no bastara con su dictadura propia, Venezuela ha sido atada a otros dos regímenes igualmente violadores de los derechos humanos, Cuba y Rusia?

Con Venezuela sentada a la mesa del Consejo de Derechos Humanos, la ONU se ha limpiado el trasero con el informe que la ex presidenta chilena Michelle Bachelet realizara para el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El documento insta al Gobierno de Venezuela “a adoptar de inmediato medidas específicas para detener y remediar las graves vulneraciones de derechos económicos, sociales, civiles, políticos y culturales que se han documentado en el país”. Según el estudio, “el Gobierno (venezolano) registró 5.287 muertes, supuestamente por ‘resistencia a la autoridad’… Entre el 1 de enero y el 19 de mayo del presente año, otras 1.569 personas fueron asesinadas, según las estadísticas del propio Gobierno”.

¿Y entonces? Cabe preguntarse, en una instancia como ésta, si acaso sirve para algo un organismo que cuesta miles de millones y que no percibe las contradicciones en las que vive. Si el consejo de seguridad lo integran los más grandes promotores de guerras y maquinarias militares y el consejo de derechos humanos eligió como miembro al representante de una tiranía sangrienta y violadora de derechos elementales, uno debería concluir en que no es posible encontrar absurdo institucional más flagrante. 

O cambia o desaparece, como vaticinara recientemente un presidente latinoamericano. 

 

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