No somos conscientes del desastre causado por la humanidad a la tierra. Cada
bosque talado, todo río contaminado, todas las especies extintas, son atrocidades que
dejan una huella difícil de borrar. El daño no es solo ecológico, sino también moral,
pues hemos roto el equilibrio de la naturaleza. Por esa razón, ya se pueden notar
algunos castigos por toda esa destrucción, castigos como el cambio climático.
Nuestras acciones tienen consecuencias, y esta vez hablamos de algo a escala global.
El daño al medio ambiente tendrá repercusiones severas para las siguientes
generaciones, que heredarán un mundo enfermo si no hacemos algo al respecto.
Nuestra indiferencia de hoy será su carga mañana, en donde los recursos escasearán
y todo tipo de desastres serán el pan nuestro de cada día.
No todo está perdido, aún hay esperanza. Los avances tecnológicos y una mayor
conciencia social respecto a este asunto, nos demuestran que el cambio es posible.
Pero el tiempo se agota y la resistencia del planeta no será eterna. Cada pequeño acto
cuenta: reducir, reutilizar, exigir políticas y energías verdes. La tierra nos necesita, no
como sus dueños, sino como guardianes. Su sufrimiento es nuestro lastimosamente.
La destrucción de la naturaleza es un llamado a despertar. Nos lastima ver tanto daño
causado por nuestras acciones. La tierra no es un recurso infinito, es un frágil milagro
del cosmos que estamos obligados a proteger. Si no actuamos, el lamento por lo
perdido será para siempre. Hoy es el momento de elegir: seguir dañando o empezar a
sanar; la decisión es nuestra.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
