sábado, abril 4

Desregulación emocional/Felix Giménez

Conversando con amigos psicólogos respecto a este asunto, concluimos que estamos
en tiempos donde la inmediatez y la sobrecarga de estímulos han destruido la
capacidad de muchas personas para gestionar ciertas emociones. La desregulación
emocional no solo se manifiesta mediante estallidos de ira o tristeza, sino también en
la incapacidad de mantener diálogos complejos sin sentirse amenazado. Esta
fragilidad emocional limita toda interacción y anula el pensamiento crítico.

Quizá uno de los síntomas más notorios de esta desregulación es la evasión parcial o
total del pensamiento abstracto. En lugar de analizar ideas complejas o aceptar la
ambigüedad, son muchos los adultos se refugian únicamente en lo concreto:
anécdotas personales, certezas absolutas y lo que nunca puede faltar en estos casos,
las respuestas emocionales. Esta tendencia solo empobrece el debate público y
dificulta la resolución de problemas del día a día.

Por decir algunos ejemplos, en discusiones políticas o científicas, es común ver cómo
se reemplazan argumentos lógicos por relatos individuales que ni sabemos hasta
dónde llega la verdad. Claro que las experiencias personales podrían resultar valiosas,
pero no pueden sustituir el análisis estructurado ni la evidencia empírica. Este hecho
revela una resistencia de algunos adultos a tolerar la incertidumbre y a cuestionar sus
propias creencias y acciones.

El origen de este mal puede estar en una educación que no fomenta la metacognición
ni la regulación emocional. Si no aprendemos a identificar y manejar nuestras
emociones, muy difícilmente vamos a pensar con claridad en situaciones complejas.
La madurez emocional y cognitiva no es automática, requiere práctica y de profunda
reflexión.

Frente a esta realidad, urge fomentar una cultura que valore tanto la inteligencia
emocional como el pensamiento crítico. Necesitamos espacios donde se pueda
disentir sin agredir, y donde la complejidad no sea tratada como amenaza, sino como
oportunidad de evolución. La próxima vez que veamos polarización o intolerancia,
preguntémonos: ¿cuánto de esto es ideología y cuanto es desregulación?