Existe una experiencia psicológica en la que el mundo exterior se percibe como irreal,
frío, distante o sin vida. Este fenómeno suele ir acompañado de tanto ansiedad como
un estrés intenso, y puede presentarse de forma crónica o en episodios breves. A la
denominada como “Desrealización”, muchos la describen como si vivieran en una
película o como si estuvieran desconectados del entorno. Puede sonar como una
rareza, pero es más normal de lo que parece, con cerca del 2 % del mundo
experimentándola.
Tanto psicólogos como neurocientíficos afirman que la desrealización no equivale a
una pérdida del juicio o a un caso de psicosis, sino más bien se trata de una alteración
en el procesamiento sensorial y emocional del cerebro. De acuerdo con la Asociación
Americana de Psiquiatría, este fenómeno puede estar vinculado a trastornos de
ansiedad, depresión o estrés postraumático. Algunos teóricos sugieren que podría
tratarse de un mecanismo de defensa automático con el que se protege el cerebro.
En cuanto a lo clínico, de momento la desrealización se trata principalmente con
psicoterapia, siendo la terapia Cognitivo-Conductual una de las más efectivas.
También se han desarrollado técnicas de exposición progresiva para ayudar al
paciente a reconectarse con la realidad. Evidentemente que algunos de estos casos
requieren de acompañamiento psiquiátrico y con medicación, más si esa
desrealización es asociada con otros trastornos. La empatía del terapeuta es clave en
esta recuperación.
Puede sonar contradictorio, pero la desrealización no representa un peligro inmediato
para la vida del paciente. Aun así, puede ir degradando la calidad de vida y causar
aislamiento. Las personas que experimentan este fenómeno pueden tener dificultades
para interactuar con los demás o para realizar labores diarias. La desrealización puede
afectar la autoestima y la confianza personal.
En resumen, la desrealización es un trastorno que, aunque poco comprendido, afecta
a muchas personas en diversa escala. Estudios coinciden en que, con la terapia
adecuada, la mayoría de los casos mejoran significativamente. Hablar de estos casos
podría ser el primer paso para que quienes lo padecen, puedan encontrar alivio. La
ciencia avanza, pero la empatía social sigue siendo tan importante como la terapia.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
