Todos los años tenemos incendios. Si bien este año esa fuerza abrazadora de calor y sequía ha llenado de humo nuestros paisajes y estamos viviendo una serie de eventos vinculados al fuego de una magnitud no registrada en los últimos 50 años, la realidad es que es algo que vivimos de cerca, en mayor o menor medida, todos los años.
Este 2020, como si no hubiéramos vivido otras catástrofes y pandemias, el fuego vino a tomar participación protagónica las últimas semanas. Como efecto colateral a esta tragedia, los Bomberos Voluntarios ganaron una visibilidad pocas veces vista. Aquellos voluntarios que de manera desinteresada apuntan hacia el peligro y se capacitan para tener herramientas para salvar la situación, estuvieron en el ojo de la prensa y en el corazón de la ciudadanía.
“No hay nada más ingrato que un trabajo impago” reza una frase. En el caso de los bomberos voluntarios, que no reciben una paga por arriesgar y ofrecer su vida, esta frase se quiebra de sentido. La cercanía de la prensa durante las últimas semanas permitió no solamente visibilizar la hidalguía de estos caballeros de casco y botas, sino también la precariedad a las que se encuentran expuestos, donde sus móviles son de segunda o tercera mano, donde sus vestimentas de seguridad son de segunda o tercera mano y una economía frágil que los obliga a salir una vez al año a hacer una colecta para poder financiar su operatividad.
¿Por qué necesitan dinero si son voluntarios? Es un discurso incansablemente repetido que la gente vocifera con la ilusión de estar realizando una pregunta intelectualmente capciosa. Que el bombero no reciba salario no quiere decir que los camiones se arreglen solos, los equipos de seguridad se compren con trueque, que las capacitaciones sean abonadas con un cambachivache. Un cuartel promedio tiene un costo de supervivencia de 15 a 20 millones de guaraníes por mes, recordando nuevamente que hablamos de costo mínimo, sin posibilidad de inversión en seguridad, camiones o equipos.
El fin de semana los miembros del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay finalizaron su colecta anual. En algunos cuarteles, la recaudación superó en un 400% a las recaudaciones de años anteriores. Es realmente una alegría ver que la gente pudo conocer más de fondo la sacrificada labor de estos héroes anónimos que dejan sus familias para salir a salvar las familias de otros.