Cuidado con tomarle el pelo al ciudadano, Sr. Llamosas. Ya no hay margen para aguantar tanto cinismo y desvergüenza. ¿O cree que la gente se chupa el dedo, o que vive en Babia?
Todo el mundo sabe que el Estado rebosa de haraganes rentados por la política bastarda. A usted le llegarán todos los días algunas indirectas -y otras más directas- de personal antiguo y profesional harto de ver cómo se lo posterga en las promociones anuales para implantar en su lugar a paracaidistas recomendados por los caciques políticos que infectan la función pública de la cual se han apropiado asaltándola como filibusteros.
Hasta su antecesor, que se fue en medio de una borrasca general de insatisfacción y protestas, reconoció que por lo menos un tercio del funcionariado público es grasa sobrante que se lleva miles de millones de guaraníes completamente al pedo, sin función requerida y disfrutando de todos los “derechos adquiridos”, que no son sino privilegios remachados a presión por esa verdadera asociación ilícita político-sindical que se reparte el Estado como un botín.
¿Y todavía tiene el desparpajo de afirmar públicamente el disparate de que “todos trabajan” en el Estado? Claro, se entiende que deba colocarse el paracaídas en medio de la tormenta que sacude al gabinete, no sea que por ahí lo eyecten por whatsapp y sin contar hasta 10. Pero Ud. sabe muy bien que está mintiendo, salvo que viva en un táper.
Lo más perverso de todo es que su actitud, y la de quienes la comparten, contribuye a agravar el daño y a generalizar la infección. Hoy, más que nunca, el país necesita un Estado servido por gente entregada a su trabajo y dispuesta a sacarnos del pantano. Nadie pide que profesionales de carrera y de idoneidad probada, ganen monedas. No funciona así el mundo. El Estado debe estar a cargo de los mejores talentos, así como la empresa privada apela a sus recursos más valiosos en momentos de crisis.
La enorme colonia de parásitos infecciosos que pudre el Estado no duraría diez segundos en el sector privado. Ud., Sr. Ministro, sabe muy bien dónde están esos conglomerados purulentos y cómo extirparlos. Lo sabe porque cada mes debe librar fondos para alimentarlos. Si no se anima a cirugía mayor, por lo menos guarde silencio, porque la ciudadanía ya está cansada de soportar idioteces ministeriales.