martes, marzo 2, 2021
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Asunción

Código del silencio
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“Descuartizad a este cernícalo y enviad sus pedazos en una canasta a su amo”.
Así imagina Mark Twain, en su deliciosa obra “Un yanqui en la corte del Rey Arturo”, el intercambio de mensajes entre dos reyes, pajes de por medio, que se retan a singular combate enviándose mutuamente los agravios correspondientes. De donde se deduce que en la Edad Media no había oficio más insalubre que el de heraldo o mensajero del Rey.

¿Sólo en la Edad Media? Tal parece que la práctica ha perdurado a través de los siglos, refugiándose cómodamente en los entornos palaciegos.

Aunque el ahora ex director de obras del MOPC no fue descuartizado ni sus pedazos puestos en una canasta, el resultado es una adaptación de la anécdota de Mark Twain. El hombre fue ejecutado, metafóricamente hablando, por irse de boca y deslizar, más allá del primer anillo ministerial, ciertas intimidades que ligan a la familia presidencial con jugosas adjudicaciones presupuestarias, entre ellas, el horrendo “puente de ñandutí” o “viaducto crochet” como la sabiduría popular ha empeazado a rebautizar el esperpento kitsch.

El arandú kaaty también sentencia: “Ipo’i hápe osó la piola”, o sea, la soga se corta por la parte más fina o más débil. No sabemos si el hoy exdirector de obras era, efectivamente, la parte más débil de la estructura. Pero la condena fue rápida y contundente: “Te fuiste de boca, chico, estás afuera”. Si la denuncia hubiera implicado a algún chofer o funcionario de tercera, tal vez se hubiera dado paso a un pomposo sumario administrativo, partiendo de la admisibilidad de la denuncia. Pero, ¿qué admisibilidad se animaría a aplicarle el MOPC a una denuncia que apunta al mismísimo cuñado del Presidente? Aquí no hay vuelta de hoja. La sentencia fue “maten al mensajero y entierren con él la denuncia”. Ah, y que no vuelva a ocurrir o habrá consecuencias más severas.

Es imposible imaginar algo más parecido a la omertá, de la cual venimos hablando con frecuencia en estos espacios. Se trata del código de honor siciliano que prohíbe informar sobre las actividades consideradas “asuntos de familia” que incumben en forma excluyente sólo a las personas implicadas. Cualquier parecido de este código con los hechos relatados no son mera coincidencia sino la aplicación de un modelo.
Ni más ni menos.

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